En estos días salí de un amigo, al que siempre he querido
y admirado mucho, lo conocí hace muchos años, y siempre estuve conciente de sus
problemas para socializar y de otros tantos problemas que tiene, pero él es un
hombre brillante, uno de los tres hombres mas brillantes que he conocido en mi
vida, habla varios idiomas, tiene un par de profesiones, tiene una cultura
general envidiable, puede sostener cualquier conversación sobre cualquier tema,
y como si fuera poco es guapo. Intuyo que él no sabe todo esto de él mismo, y
que esa es la razón por la que no ha hecho con su vida las cosas que él siempre
ha querido hacer, en una parte de él, reside una nostalgia enorme por lo que
pudo haber sido su vida y que no lo ha sido hasta ahora, se las ve duras para
sobrevivir a veces o al menos de eso se queja con frecuencia, en conclusión el
dinero le es arisco, aunque se que nada le gusta más que el dinero y las
mujeres.
El es huraño, no gusta socializar con todo el mundo y
tiene a las personas divididas en categorías de quienes son dignas e indignas
de socializar con él, y personalmente pienso que ese es el meollo del asunto,
que está muy cerrado al mundo, a la gente y por lo tanto a las oportunidades,
uno tiene que estar con los brazos abiertos a todo y a todos si quiere abrazar
al menos una décima parte de la abundancia del mundo, eso me lo dijo alguien
que tiene mucho dinero a quien conozco, y yo creo que así es. Aunque habíamos
tenido algunos roces en el pasado, yo siempre dejé pasar esos roces, porque me
gustaba su talento y porque siento (aún ahora) mucha admiración por el ser
humano que hay detrás de la armadura que él mismo se ha construido para
protegerse no sé de quien. Pero hace un tiempo noté que lo estaba tratando con
guantes de oro, como diría mi madre, por temor a que explotara en un ataque de
intolerancia conmigo, muchas veces opinaba en su muro de facebook y él borraba
mis comentarios, o respondía de manera hostil, y yo me quedaba sintiendo que
nada de lo que yo hiciera o dijera era suficiente para convencerlo de la mina
de oro que tiene encerrada dentro de si y que no quiere explotar. Así fue como
un día en una interacción con él, me respondió “whatever” y esa palabra si fue
el detonante, no por el significado literal, sino por la connotación que tenía
en la conversación y la intención con que lo dijo, ese día sentí que esa era su
manera de decirme que mi amistad le vale huevo, y que la única que estaba protegiéndola
era yo, que nuestros ciclos se habían cumplido y que no tenía nada que hacer en
su vida porque es que la falta de respeto es la señal inequívoca de que no hay interacción
posible entre dos personas.
Lo dejé ir de mi vida y borre todas la información que me
conduce hasta él con todo mi amor, como se despiden a los amigos a lo que hay
tanto que agradecerles, como se despide a quien lo acompañó a uno por un ciclo
largo y quien fue tan hermoso conmigo en muchos momentos, con esos buenos
recuerdos me quedo, y lo deje ir porque soy una cobarde que no quería empezar
una colección de malos momentos.
Antes de dejarlo ir me hice las siguientes preguntas que
quiero compartir con ustedes y que me han ayudado a clarificar mis relaciones
no sólo de pareja sino en general. Cuando hay algo que no me gusta de la
conducta de alguien cercano a mí, me hago las siguientes preguntas:
1-¿Qué hay de mí en esa conducta?
1- ¿Qué hay aquí para mí?
2- ¿Lo que hay aquí para mí es algo que nadie más me
puede brindar?
3- ¿Lo que hay aquí para mí es una carencia muy grande en
mi vida que necesita ser llenada ya mismo?
4-¿Lo que hay aquí para mí, es algo que yo misma no me
puedo brindar?
5- ¿Lo que hay aquí para mí es algo tan importante que
puedo pagar el precio (en términos de aceptar lo que no me gusta) por
obtenerlo?
Una vez respondo esas preguntas tengo claro si mi ciclo
con esa persona ha terminado o si aún me queda algo por aprender en esa interacción.
Lo más importante es que aunque parece un método para descartar a la gente, al
contrario las respuestas a veces me aportan más destrezas compasivas que
separativas.
Los amigos son ángeles que nos prestan sus alas cuando
las nuestras se fracturan, a veces ese prestamo puede ser sólo por minutos,
hasta por segundos, porque un segundo en compañía de un amigo lo puede cambiar
todo.















