jueves, 19 de mayo de 2016

LAS COSAS QUE EL TIEMPO NO CAMBIA.

Regresar a ese trozo de tierra donde vi la luz por primera vez es para mí como adentrarme en el túnel del tiempo, donde a través de ese contacto con el pasado queda perfectamente explicado mi presente y casi que puedo predecir mi futuro.

Yo llegué al mundo en Yali, pero mis padres vivían en otra población a sólo 30 minutos que se llama Vegachí, donde no había hospital por aquel entonces, como la familia de mi padre vivía en Yali, puedo decir que nací en ambas poblaciones, porque en ambos se quedaron recuerdos muy preciados de mi niñez.

Hace un año cuando conocí de la existencia de mi prima Vanessa y luego la conocí en persona aquí en Estados Unidos jamás me imaginé que ésta joven mujer me fuera a dar tantas lecciones de vida en mi corto viaje a Colombia. A pesar de que me había registrado en un hotel en el centro de Medellín, ella me ofreció su casa para quedarme si necesitaba, y aunque no lo necesité acepté su invitación, algo que hizo la diferencia para mí en este viaje, porque durante mi convivencia con ella descubrí aquellos valores que no alcancé a conocer hace un año, como su paciencia y esa disposición al servicio con un amor impresionante que me hizo pensar que ella realmente practica el amor del que tanto hablamos y al que la mayoría no conseguimos apuntarle. Y no lo digo sólo por su impecable hospitalidad conmigo, sino porque la vi haciendo lo mismo con otras personas muchas de ella ni siquiera de su familia. Con ella pasé más tiempo que con nadie más y fue de una generosidad tan asombrosa que organizó todo el desplazamiento mío y de otros familiares a Yali y a Vegacchí para que fuera no sólo cómodo para mí, sino inolvidable. Vi en ella una mujer organizada y ordenada que cuida de su casa como lo hacemos las mujeres de la vieja data, rescatando así la imagen tan pobre que tengo al respecto de las nuevas generaciones de mujeres. Su madre Martha Mira debe estar orgullosa de ella, porque durante mi estancia en Yali en su casa, verifiqué que todo eso le había sido enseñado por ella con su poderoso ejemplo.


Mi bien amada Vanessa


La tecnología ha penetrado en Yali con todo su esplendor, hasta los octogenarios no pudieron dejar de sucumbir ante los teléfonos celulares modernos y muchos de ellos incluso usan Whattsapp con una maestría envidiable, como único contacto con sus hijos, nietos y hasta tataranietos. No obstante Yali conserva muchas cosas que el tiempo no ha conseguido tocar, la arquitectura ha sido una de ellas, Muchas  viviendas conservan esa magia de principios del siglo XX con su grandes ventanales en madera y sus puertas de dos alas que al pararse dentro de la casa, y abrirlas es inevitable quedarse con los dos brazos abiertos, como esperando abrazar al que llegue, como dándole una cálida bienvenida al que llama a la puerta. Quizá por eso en aquella época un visitante era tan bienvenido en una casa, tanto, que hasta en el almuerzo se incluían varias porciones extras para "el peregrino" un término acuñado a quienes pasaban caminando a ofrendar al Cristo de Zaragoza a cambio de un favor largamente pedido y por supuesto ya cumplido. Pero el peregrino, era también cualquier visitante que por algún motivo debía pasar la noche en el pueblo y aunque no se le conociera se le ofrecía dormida porque era de buena educación y porque era cosa de buen católico hacerlo.

Me encontré en Yali a personas que conservan esa costumbre, que ni sus brazos ni sus puertas se cierran para los visitantes, que cocinan con un amor y entusiasmo impresionante para complacer el paladar de sus huéspedes, como mi prima Martha Mira y Jeimy, la esposa de Oscar Mira, quien ha sido alcalde de Yali durante 2 periodos. Jeimy es una bella y joven mujer silenciosa que cocina como los dioses. Ser recibida así me hacía sentir en una dimensión desconocida, me hacía sentir importante, no por lo que yo pueda ofrecer, sino simplemente por ser huésped y ser parte de aquella interacción cultural que ellos no se han dejado arrebatar ni siquiera porque a través de sus teléfonos celulares, tienen acceso a un mundo más moderno donde estas costumbres han quedado en desuso. En las grandes ciudades y en otros países, la gente tiene casas más grandes pero corazones más pequeños, tienen espacios donde cabrían una docena de huéspedes, pero en cambio tienen el corazón amurallado por el temor, la desconfianza y un sistema de creencias basado en la propiedad privada, algo utópico que nos brinda un falso sentido de seguridad.

Mi bien amada Martha Mira, madre de Vanessa


A pesar de que Yali es un pueblo tan pequeño y con una profunda influencia religiosa donde el catolicismo más que una religión es un estilo de vida, hay cabida para los transgéneros,  mi prima Martha ha empleado en el servicio doméstico a Candela, a quien encontré enfundada en un sugestivo traje que dejaba en evidencia una feminidad exquisita que ya se quisieran muchas mujeres de nacimiento, admiré la maestría y elegancia con que dominaba la escoba y el trapeador parada sobre unos cuantos centímetros de tacón alto. Candela es mucho más que una empleada, es considerada de la familia, tratada con respeto, con el amor y camaradería de todos en la casa. Cuando mi prima viaja la deja en casa de su hermano y a pesar de que él tiene niños, eso no ha sido considerado un obstáculo para la convivencia, me maravilló saber que mi familia no considera que tiene que esconder a sus hijos la realidad del mundo; y que tienen indudablemente la mente tan abierta como las puertas de sus casas, me sentí orgullosa de ser parte de aquella tribu que mira hacia adelante sin dejar de reconocer su pasado y sus raíces.

Dediqué un día a visitar a Vegachí, a pesar de estar más al norte de Antioquia, el modernismo ha penetrado en el pueblo y lo ha cambiado todo, las casas casi todas son construcciones modernas, y ha crecido tanto que me costó identificar lo que había dejado 48 años atrás. Busqué con un nudito apretando mi garganta la casa que fuera de mis padres, la que con sus propias manos construyó mi padre y que nunca le debieron a ningún banco, y que recuerdo con cada una de sus habitaciones y con muchas de las experiencias vividas dentro de ella, no la pude reconocer, pero si la calle. El papá de mi prima Vanessa que nos acompañaba, llamó a la puerta de una vecina en la que pensábamos era la casa más cercana a la de mis padres, de allí emergieron dos mujeres, una más mayor que la otra, el padre de mi prima le preguntó a la más joven si conocía a mis padres, como respuesta  ella se acercó a mí y me preguntó "usted es Julieta?" la abracé por impulso mientras ahogaba un llanto inminente para no dejarlo salir. Julieta  fue el nombre que mi madre siempre quiso para mí, y que mis padrinos decidieron cambiar sin su consentimiento en el momento del bautizo, en rebeldía mi madre me llamó los primeros años de vida con el nombre de Julieta, por eso al escucharlo, no cabía duda de que la mujer sabía de lo que hablaba, que me conocía y que por lo tanto sabía cuál era la casa de mis padres. En efecto la separaba una sola casa de la ellas, estaba convertida en una oficina de teléfonos, aunque la edificación se conservaba, pues reconocí sus ventanas y su puerta, habían derrumbado el muro del antejardín y no quedaba casi nada del jardín hermoso y abundante que mi madre había tenido.

Las vecinas que reconocieron a Julieta en mi 


Caminé el centro de Vegachí y me tomé fotografías en el famoso puente colgante al que tanto le temía siendo una niña, porque debajo pasaba un enorme y caudaloso rio del que ahora queda poco, pero que se caracteriza por su color café de aguas pantanosas, era el puente obligado para subir a la casa de la loma, una elegante casa de los más acaudalados de Vegachí en donde existía el único televisor del pueblo, allí la mayoría de sus habitantes se daba cita a las 4: 00 pm para ver "simplemente María" la primera telenovela de la que tengo memoria y que mantenía a todos paralizados. Yo subía atraída por la vista que podía obtener del pueblo desde esa altura y por el "algo" termino que se usa en Antioquia para la merienda de la tarde, y que la  dueña de casa, nos ofrecía después de la novela, un delicioso chocolate con parva (Parva, es el termino que se le da a los carbohidratos que acompañan al chocolate) Yo pasaba de la mano de mi madre aquel puente, porque cuando ella me tomaba de la mano nada malo me podía pasar, así de grande era la seguridad que ella siempre me proporcionaba. Esta vez experimenté casi el mismo temor al cruzar el puente, lo tuve que hacer sola, prendida de la mano espiritual de mi madre, sonreí mientras lo hacía y experimenté una sensación de libertad, no sólo por no necesitar la mano física de mi madre, sino por ver que mi nieta teniendo la misma edad que yo podría tener 48 años atrás pasaba el puente sola y corriendo, indudablemente las nuevas  generaciones se van fortaleciendo.

Vegachi y el puente colgante 


Me encontré también un Yali donde muchos niños no han sido alcanzados por la tecnología por lo que juegan en la calle y se desaparecen sin que los padres tengan de que preocuparse porque tienen la certeza de que regresarán cuando tengan hambre, muchas casas permanecen con las puertas y ventanas abiertas de par en par aunque estén haciendo la siesta, los vecinos aunque no sean de la familia, se tratan como si lo fueran, aunque a decir verdad es difícil no ser de la familia en un pueblo que ha estado dominado por las mismas familias desde siempre. En Yalí se disfruta de un bien en vía de extinción LIBERTAD

En conclusión en este viaje, me reuní con mi niñez, con las figuras que la marcaron para siempre, y me di cuenta que aquella Julieta que una vez fui, estuvo bien cuidada y bien amada por un grupo familiar que estaba nutriendo mi alma, posiblemente sin darse cuenta, y que toda la adversidad que los demás vieron en mi niñez fue algo natural para mí de acuerdo a mis circunstancias, enfrenté el miedo de la misma manera que lo sigo haciendo ahora, sólo que con la edad los miedos son otros, lo que me hace dudar de que los niños realmente sufran por el entorno que les corresponde, después de todo lo único que le interesa a un niño es poder jugar y tener protección, y aunque estemos en circunstancias hostiles los niños siempre nos las ingeniamos para hacer de la vida un juego, y tenemos una habilidad impresionante para conseguir aunque sea la idea de protección si es que no la tenemos, lo digo porque muchas veces pensando en mi niñez siento dolor y compasión por las cosas que tuve que vivir, pero ese dolor lo siente la mujer adulta que soy, porque cada vez que confronto a esa niña, ella me llena de pruebas de lo infinitamente feliz que fue siendo simplemente una niña.

La casa de mis padres en el antes y el hoy 





lunes, 16 de mayo de 2016

SER PARTE DE LA MANADA JIMÉNEZ

Después de 15 años sin visitar a Medellín, 34 años sin regresar a Yali, el pueblo donde nací y 48 años de haber salido de Vegachí el pueblo donde viví mis primeros cinco años de edad, visitar aquellos lugares removió no sólo recuerdos sino mis propias entrañas.

Durante 4 meses mi prima Zoe, mi primo Henry y yo planeamos un encuentro familiar en Medellín con esa maravillosa herramienta de convocatoria que es facebook. Un año antes había conformado en facebook un grupo de mi familia con los dos apellidos de mis abuelos paternos para  reunir el mayor número de personas de la familia. En menos de lo que imaginé iban llegando también datos de familiares que no usaban facebook pero si whatsapp donde creé también un grupo para comunicarnos, muchas personas mayores de mi familia resultaron manejando esta herramienta a la perfección y es que el internet ha tomado tanta fuerza que ya no hay rigidez mental que se pueda sustraer a la magia de recibir noticias de nuestros seres queridos en un pinchar de teclas.

La convocatoria fue absolutamente exitosa, casi 90 personas nos dimos cita el sábado 30 de abril en el salón Medellín del Gran Hotel donde habíamos ordenado una cena y teníamos una programación ya establecida. Aquel día yo tenía las emociones a flor de piel, había conseguido que no sólo mi hija, su prometido y mis dos nietos acudieran sino también el hombre que amo actualmente ¿Qué más le podía pedir a la vida?

Esa tarde antes de la fiesta nos reunimos un grupo grande de la familia en casa de mi tía Gilma, una de las 2 matriarcas que hemos tenido en la familia, sentirse parte de la manada familiar, pertenecer a una tribu que comparte con uno mucho más que un apellido, su ADN, me brinda una sensación de seguridad emocional muy relajante, a mí se me borra el mundo exterior cuando estoy con mis tribus, bien sea la materna, la paterna o la cósmica, es la sensación más parecida al enamoramiento de la que disfruto, a menudo me pregunto por qué no propicio estos encuentros con más frecuencia, siendo como son para mí en particular tan terapéuticos.


Todo salió de acuerdo a lo planeado, aunque yo diría que salió mejor, llegaron invitados de última hora que no estaban en la lista, la calidez de mi familia me transportó a mi infancia y reviví ese calor de hogar del que gocé a manos de ellos. Eché de menos a Carlina, la esposa de mi tío Rodrigo (hermano de mi padre) ella es la otra matriarca de la familia y quien fuera la mujer más nutritiva no sólo de mi infancia, sino de la mayoría de sus sobrinos políticos. Una mujer encantadora con una generosidad desbordante que disfrutaba intensamente cocinar para esa manada de sobrinos que nos dábamos cita en su casa (en su casa nos alojábamos los que íbamos de otros pueblos o de Medellín) siempre con una sonrisa dibujada en su rostro, como si cocinar y cuidar de nosotros fuera una especie de religión de la que ella era devota. Quizá de ella me viene a mí esa misma pasión por cocinar y cuidar de mis nietos, fueron muchos años recibiendo su ejemplo, imposible que no se grabara en mi configuración molecular esa paciencia Zen con que hacía las cosas. Pero Carlina ya está mayor, enferma y no se sintió capaz de ir, así que fue la primera persona que visité cuando llegué a Medellín, se alegró de que le llevara un mantón de satín estampado para cubrirse cuando vaya a la misa y estaba preocupada por prepararme un chocolate con parva (así llaman en Antioquia a la variedad de carbohidratos que acompañan al chocolate) como si su labor de matriarca cuidadora de sus sobrinos no hubiera terminado aún, le dije que ya ella había hecho muchos chocolates y que ahora nos tocaba a nosotros atenderla. Su espíritu estaba intacto en su traje humano a quien el tiempo le había hecho lo propio, la miré a los ojos por un buen rato y uno a uno emergieron todos mis mejores recuerdos como el tráiler de una buena película con música incluida. La mujer que una vez fui hubiera llorado con aquel desfile de recuerdos, en cambio ésta en la que me he convertido no podía dejar de sonreír con una conciencia plena del infinito agradecimiento y reverencia que siento por ese pasado que me llevó hasta este momento presente.  


La cena tuvo un factor sorpresa, que yo había saboreado con una semana de anticipación, pero que no por ello me había arrebatado el gusanito que nos perfora el estómago cuando sabemos que algo desconocido está por ocurrir. Unos meses antes uno de mis contactos de facebook había tenido una especie de discusión en una publicación de mi muro con una de mis primas a quien por supuesto tampoco conocía físicamente, a raíz de esa discusión ellos terminaron construyendo una amistad cibernética, una semana antes del evento él me escribió pidiéndome autorización para asistir a la fiesta de familia de la que le había hablado mi prima, argumentó que no sólo quería sorprender a mi prima, sino conocerme porque le parecía interesante y tener una experiencia como era la de viajar de una ciudad a otra para reunirse con gente que no conoce. A mí por supuesto me pareció una experiencia interesante por lo que lo consulté con los miembros del comité organizador y todos estuvimos de acuerdo en que sería bienvenido. Así fue como Cesar apareció en la fiesta, dándonos una perspectiva muy interesante de las nuevas formas de interacción social que nos ofrece este mundo virtual y como se puede pasar con facilidad de lo virtual a lo real, si sólo dejamos a un lado nuestros temores y aprehensiones, creo que el aplauso que la familia le dio además de la cálida bienvenida constataron que en momentos como esos la mente es capaz de expandirse y dejar de lado el miedo.


Cesar el invitado sorpresa con la prima Leidy a quien conoció por facebook


Una de las cosas maravillosas que me quedó de la fiesta fue también experimentar respeto por la decisión de quienes simplemente no quisieron ir, y trasmitir ese respeto a quienes me hablaron del tema, poderme ver con ellos en otros escenarios sin reproche alguno y sintiendo que el amor que me une a ellos no se ha menguado porque no llenaron una expectativa mía, pues si bien me hubiera gustado que fueran, que no lo hicieran no cambia mis sentimientos por ellos.

Unos días después visitando a una de mis familiares en su casa reviví un momento muy especial de mi niñez. La anfitriona me condujo a su habitación y una vez allí me entregó los regalos que tenía para mí y para mis nietos, después sacó de un bolso que parecía estar destinado a guardar solo dinero, algunos billetes de alta denominación y me dijo "tome mija pa´l fresco"  si no hubiera pronunciado esa legendaria frase de familia, no hubiera comprendido el porqué ella me regalaba dinero que no estaba pidiendo y que  por suerte tampoco estaba necesitando, fue entonces cuando recordé que en mi niñez era casi un ritual recibir dinero en cuanta casa familiar uno visitaba, a veces le decían a uno que era para la alcancía, otras veces que era para el fresco (así llaman a las bebidas gaseosas en Antioquia)  pero en realidad el uso que le quisiéramos dar al dinero importaba poco, pues sólo era un pretexto para compartir con nosotros esa energía creativa que es el dinero y de paso brindarnos esa sensación de apoyo y seguridad que ahora comprendo nunca me faltó a manos de mi familia paterna.

Salí tan renovada de aquella visita como de la fiesta que me reunió con tantas personas y en cuyos ojos pude reconocer mis genes y los de mi padre, antes de regresar a Estados Unidos les pregunté cada cuanto querían que hiciéramos estos reencuentros, unos dijeron que cada año, otros que cada 2 años y otros que cada 5 años. Pero la respuesta definitiva me la dio Ricardo Mira, esposo de una prima de mi padre, cuando regresando de Yali en el auto que veníamos le pregunté por qué no acompañaría a su esposa en un viaje que ella estaba por hacer a Alemania, y él con la sabiduría que sólo se consigue después de muchos latidos en el corazón me respondió "no conozco todavía mi propio país, que me voy a ir a conocer otros" entonces recordé que alguien de la familia que había votado por vernos cada 5 años dijo que se le hacía suficiente tiempo porque antes de eso quería ir a otros países, en ese momento se pusieron en mi balanza  mi espíritu aventurero y mi deseo de experimentar todo este derroche de afecto que indudablemente se despliega cada vez que comparto con mi familia, ya veremos cual de los dos pesa más...continuará.



martes, 1 de diciembre de 2015

EN DEFENSA DE LAS NARCO NOVELAS.

Siempre me han atraído las películas de narcos, no por lo que la gente piensa, que es una manera de alimentar la fiera que llevamos dentro, sino porque como son vidas tan cortas, es muy fácil ver el mapa del destino de cada persona y como se despliega de acuerdo a sus propias decisiones, no por culpa de alguien más. Lo cual clarifica para mí el porqué de la indignación de la mayoría de los colombianos por la proliferación de narco novelas, y es que la mayoría está más interesados en conocer el aspecto rosa de nuestra historia. El otro, el que implica auto examinarnos, y reconocer que nuestro gobierno es sólo el reflejo de nuestro sistema de creencias, esa es mejor conservarla en las sombras. Si algo he aprendido viendo narco novelas y narco películas de la mafia de nuestro país, es que la noticia colombiana es mejor consumirla como al buen vino, vieja y lo suficientemente añeja para verla en su cruda realidad, no como la noticia fresca y maquillada por la que la masa se siente atraída.

Yo aprendí a enfrentar las sombras de mi propia historia, conociendo el pasado de mi padre, sin filtros, sin mentiras piadosas, acepté antes que mi propia madre lo hiciera, quien era él, porque partiendo de esa aceptación sabría quien era yo, y el porqué a pesar de que teníamos la misma sangre corriendo por nuestras venas, jugábamos en bandos contrarios. Aprendí a leer su historia sin intervenirla y a escribir la mía, sin dejarla intervenir por el supuesto "mal ejemplo" de él.

Estoy convencida que eso le falta a los colombianos conocer su propia historia como pueblo, contada por diferentes personas, porque en cada versión de nuestra historia cada escritor quiere ser el protagonista, y por supuesto no hay protagonistas malos.

La vida de Pablo Escobar tiene muchas versiones, se han escrito muchas biografías sobre su vida y como impactó en nuestro país, nos guste o no, él forma parte vital de nuestra historia, desenterró nuestro potencial para la corrupción y lo puso a la vista del mundo, quizá eso sea lo que no queremos que se sepa. Dejó en evidencia que somos un pueblo paternalista, donde el sueño más grande de muchos no es tener empleo, sino que los ricos lo protejan y lo mantengan, eso no sólo queda claro en como pudimos tener un congresista como Escobar, sino en la cantidad de dineros que mandan los que han emigrado a otros países a sus familiares en Colombia, en muchos casos a familias que no necesitan tanto ayuda, como simplemente decidirse a trabajar.  

La jugada maestra de Escobar  fue convertirse en el protector y benefactor de la zona deprimida de Medellín, porque sabía que el problema de la pobreza es más de mentalidad que de falta de recursos, y nadie mejor para ser manipulado que quien pone su situación financiera en manos de los más pudientes. Indudablemente el poder más grande que tenía Escobar no era su dinero, sino su talento para trazar estrategias sin que la gente se percatara de ello.

Pablo Escobar se aseguró su ejército personal , cuando le dio vivienda a los pobres de Medellín, hasta los niños de 12 años portaban armas en aquel entonces y estaban dispuestos a matar a un policía bien fuera por la recompensa que él daba o simplemente por lealtad al hombre que les había regalado vivienda. Las deudas de gratitud se pagan toda la vida en cómodas cuotas diarias de ¨lealtad" y eso él, Escobar lo sabía.

La versión que más me ha gustado hasta ahora de la vida de Escobar ha sido la que hizo Netflix "NARCOS" contada por un agente de la DEA, una visión más objetiva y desapasionada que las que conocemos hasta ahora, pero sobre todo neutral, pues no sólo deja al desnudo nuestros demonios, sino los de los americanos también.  Muchas cosas me impresionan de esta serie:

- Que  la motivación más grande de los Estados Unidos para perseguir los narcos colombianos haya sido el escape millonario de dólares para Colombia, dejando en segundo plano la problemática social que vivían (y siguen viviendo) por causa del consumo de cocaína, de hecho se trabaja poco por reducir el consumo.
-Que Colombia llegara a ser un país demasiado pequeño para la fortuna que amasaba Escobar.
-Que mientras en Estados Unidos los narcos asesinan a los testigos que los quieren hundir, Escobar en Colombia, tomara medidas más radicales y extremas como acabar con el palacio de justicia para deshacerse de las pruebas que habían en su contra para extraditarlo.
- Que la Virginia Vallejo que revela esta serie, sea tan diferente de la que ella misma muestra en su libro "Amando a Pablo Odiando a Escobar" y de la que muestran las demás versiones de la biografía de Pablo.

A mí me sorprende los golpes de pecho que se dan algunas personas "pacifistas" y "espirituales" frente a las narco novelas, argumentando que estas series sólo le dan mala fama a Colombia, o que perpetuán la violencia con sólo verla, pero que estas mismas personas no tengan idea quien se tomó el palacio de justicia, ni quien mató a Lara Bonilla y a Galán, ni que Escobar cambió nuestra constitución a su favor, y mucho menos que puso al gobierno de rodillas negociando su entrega exclusivamente a su favor. Me sorprende porque hay una creencia generalizada en todo este movimiento "espiritual" y es que estar lejos de nuestra historia, de conocer la violencia y el lado oscuro de la humanidad los santifica, o los protege, cuando sólo es una medida de escape más para no asumir la responsabilidad que todos tenemos en nuestra historia. No es negando la oscuridad como mágicamente llega la luz, es adentrándonos en ella y comprendiéndola como la reconocemos y hacemos parte de ella.


martes, 20 de octubre de 2015

UN SACERDOTE EN LA FAMILIA.

Mis dos familias, la materna y la paterna, coincidieron en algo, ambas son practicantes de la religión católica, y aunque crecí en medio de misas, primeras comuniones, bautizos, confirmaciones, bodas y los rituales de navidad que sigo adorando, desde temprana edad me distancié de la institución más no de las creencias, algunas las adapté a mi nuevo sistema de creencias, con lo cual dejé de asistir a las iglesias y las misas quedaron reducidas a ocasiones especiales con las que complacía a mi madre.

La noticia de que mi primo Gustavo, sobrino en segundo grado de mi madre, había elegido el sacerdocio, causó gran emoción en la familia, mi madre no  perdía oportunidad para contarle a quien se le atravesaba que tendría un sobrino sacerdote, y seguramente pensó que estaría con nosotros para verlo, tendría 91 años de haber sido así, pero la muerte se paseó por nuestra familia y se llevó no sólo a mi madre, sino a la última de sus hermanas que quedaba con vida y posteriormente al padre de mi primo, el futuro sacerdote.

Todas estas fueron las principales motivaciones para viajar a Colombia a la ordenación sacerdotal de mi primo. Mi madre y yo habíamos sido acogidas por su familia en el año 1979 antes de que él naciera, cuando tuvimos que emigrar de Antioquia al Valle, no teníamos mucho dinero y empezábamos de cero por segunda vez en nuestra vida, por lo que además del lazo familiar, nos unen lazos de convivencia y de esa complicidad que otorga el compartir la adversidad. Además de estas razones me acudía otra, mi deseo ferviente de expresar mi profundo respeto por una institución con la que no estoy de acuerdo, y la única manera de sentir respeto por algo es acercarse, conocer cómo funciona y silenciar la voz del juicio considerando la posibilidad de que el equivocado sea uno y no los demás.

Nuestra familia es numerosa y acudió un 90% de ella, era la segunda vez que nos uníamos en torno a un acontecimiento, la primera vez fue cuando mi madre murió. Había un maremoto de emociones flotando en el ambiente durante la ordenación sacerdotal, me venció la vanidad y reprimí el llanto para que mi maquillaje no se moviera más de lo que se había movido con la inclemencia del clima. Los rituales de esta ceremonia son muy emotivos, me sorprendí a mi misma dejando mis prejuicios respecto a la institución en casa y sintiendo la ceremonia con toda su solemnidad, sentí el mismo orgullo de mi primo que hubiera sentido mi madre, puedo decir que mi madre estuvo prendida de mi mano todo el tiempo, lo cual me producía una eterna sonrisa de felicidad en mi rostro que nunca desapareció.


Al día siguiente mi primo oficiaría su primera misa en el barrio donde él nació y creció y donde también nació mi hija quien sólo es una año mayor que él. Regresar a aquel barrio removió muchos recuerdos, lo que hace inevitable que se pare frente a uno ese universo paralelo donde uno sigue viviendo en el mismo lugar que dejó. ¿Cómo hubieran sido nuestras vidas si nos hubiéramos quedado allí? y recordé que salimos de allí en circunstancias adversas y como fue de doloroso dejar aquella casa que era propia, pensando que habíamos "perdido" ignorando que el universo nos estaba despojando de algo que nosotros mismos no nos atrevíamos a dejar por elección propia, para cumplir perfectamente con un destino que nos estaba esperando, sonreí cuando pasé por la casa donde nació mi hija y recordé lo feliz que fui mirando su rostro días enteros, maravillada con el milagro de la vida entre mis manos. Me sentí feliz de saberme feliz en ese pasado que para muchos debió ser sombrío.

La iglesia estaba llena, constatando así la simpatía y el afecto que le tienen los habitantes del barrio a mi primo, y verificando que es un líder comunitario cuya principal inspiración es la gente. Colapsé durante la bendición de su madre y para entonces dejó de importarme el maquillaje y me permití llorar todo lo que tenía que llorar, estaba presa de infinitas emociones, en las que primaba una alegría indescriptible, de esas que sólo el llanto puede expresar, de repente el pasado y el presente eran una pareja danzando ante mis ojos esta experiencia llamada vida, todo tiempo pasado por desagradable que haya sido estaba justificado con este momento, había tal toque de perfección en aquel momento que verifiqué aquello que siempre dicen los gurús de la nueva era "todo pasa por algo".

Pocos días después me reuní con mi primo, quería escucharlo, quería vivirlo, y tener respuestas al porqué de su vocación, quería saber si él era como mi madre concebía a los sacerdotes o era como yo los concebía, para descubrir que cada experiencia sacerdotal es única, ignoro las profundidades de la motivación de mi primo, lo que si supe es que tiene un compromiso férreo con su comunidad y con la educación de la misma, encontré en él un ser humano tranquilo, pacifico que no se expresa mal de las personas y que sabe expresar asertivamente lo que no le gusta de la gente, no como algo que haya que reparar, sino como algo que nos permite ejercitar respeto y tolerancia.

De alguna manera me vi en un espejo interactuando con mi primo, escogimos caminos diferentes para caminar hacia la misma meta, pero el hecho de que sean diferentes no significa que uno de ellos esté equivocado, y aplica para todas las personas que están en este mundo trabajando por "algo" ese día reconocí que el respeto, la tolerancia y la aceptación son los talones de Aquiles de la humanidad, son el péndulo entre el bien y el mal que habita dentro de nosotros.


jueves, 18 de julio de 2013

ME MUDÉ DE CASA VIRTUAL.

Querido lector,  se ha cerrado mi ciclo en este sitio, me he movido a un lugar más grande donde puedes disfrutar de otros de mis trazos literarios, espero verte por alli www.lumediana.com


viernes, 5 de julio de 2013

REENCUENTROS.

Una mujer llevada con pura intuición sentía que su padre quien la había educado y le había brindando mucho amor, no era su padre biológico, también intuía que su padre podía ser cualquiera de los seis hombres que habían en su familia y así se lo expresó a Alejandro, la persona que contrató para que le descifrara el misterio de esa poderosa intuición que no la dejaba en paz. Luego de una minuciosa investigación y de las consabidas pruebas de ADN se constató que su intuición era correcta y que su padre en realidad era su hermano biológico mayor, con quien su madre había tenido relaciones incestuosas durante un buen tiempo. Cómo la mujer y la familia asumieron esta noticia es parte de la historia que sólo ellos pueden contar porque esa parte de la historia la desconozco.

Dice Alejandro Muñoz que el parentesco lo llevamos en la sangre, o como dije en mi artículo "El árbol genealógico"  la sangre jala. Alejandro que es el director de La Fundacion para el Reencuentro, sabe mucho de ello, ha realizado más de diez mil reencuentros tanto en Colombia como fuera del país, lo conocí en univisión durante una grabación del Show de don Francisco, donde estaba haciendo un reencuentro de una madre que había dado a su hijo (de quien no quiso siquiera enterarse de su sexo) en adopción, la hija (pues resultó ser una niña a quien ella dio a luz)  había sido sacada de Colombia y adoptada por un matrimonio conformado por un italiano y una americana quienes siempre le dijeron a su hija que era adoptada y cuando esta expresó su deseo de buscar a su madre biológica, le brindaron todo el apoyo para que lo hiciera, así fue como la hija supo de la fundación, llenó el formulario y un par de meses después Alejandro, para quien no hay caso imposible, encontró a su madre biológica y la trajo hasta Estados Unidos para que conociera a su hija. Fue un reencuentro muy hermoso donde no había cabida para el egoísmo, ya que el amor incondicional que sus padres adoptivos le brindaron no les permitió sentir amenaza alguna por la aparición de la madre biológica, al contrario cuando se abrazaron en el set de grabación ambos le dijeron que estaban felices por ella, porque ahora tenía dos madres. Lloré emocionada ante este reencuentro no tanto por el hecho de que una madre hubiera encontrado a su hija, sino porque estaba en presencia de ese amor incondicional que es teóricamente tan popular en nuestra sociedad, pero que somos incapaces de llevar a la práctica.

Alejandro Muñoz con Don Francisco.


Hablar con Alejandro sobre reencuentros es una experiencia que toma horas y de la que uno no quiere salir, porque este hombre ha reunido unas historias maravillosas y tiene un conocimiento de la dinámica de los reencuentros asombrosa, tiene una destreza para lidiar con la parte sicológica y emocional de los implicados que ya envidiaría el mejor sicólogo familiar. él no sólo reúne a padres e hijos separados por adopción, sino a cualquier persona de la familia o amiga que uno quiera encontrar porque perdió de vista, la dirección de su página Web es htt://www.reencuentros.org donde están disponibles los formularios para contratar los servicios de la fundación. Alejandro tiene un sistema de tarifas muy interesante, que esta directamente ligado con la manera como él hace el proceso de selección de la búsqueda, porque no todas las búsquedas son aceptadas, dependiendo de la manera como la familia enfrente el momento de hacer la liquidación de las tarifas, él se da cuenta si la familia realmente está lista para el reencuentro. Esta fue una de las partes que más me llamó la atención, la manera como él ha incorporado cada uno de los pasos a seguir a la parte sicológica de la dinámica familiar, porque reencontrarse no es sólo un acto de curiosidad, sino una circunstancia trascendental que cambia la vida de ambas partes.


Próximamente Alejandro estará abriendo su fundación en Estados Unidos con el respaldo de Univisión y donde espera hacer reencuentros no sólo de USA sino de Centro America, el Caribe y  México. 


miércoles, 26 de junio de 2013

SMOOTH OPERATOR

En magia lo llaman pruebas de verificación, que son aquellas maneras como el universo nos pone a prueba sobre limitaciones que creíamos superadas, y que para estar seguros de que así fue, se nos presenta la misma situación con personajes que tienen la mismas condiciones que detonan nuestra limitación para que verifiquemos que esa página de nuestra vida ya está escrita y se ha pasado al siguiente capítulo.

Eso me pasó hace unas cuantas semanas, cuando conocí a un personaje al que le atribuí las condiciones para ser mi compañero de cama, fuera de ella y en lo posible de vida, no pasaron más de siete días para darme cuenta que este personaje tenía la misma composición sicológica y emocional de uno de mis  ex, que cité en mi artículo "el gran cuadro" (enlace en las comillas para quienes deseen enterarse) Como si fuera poco tenían el mismo signo zodiacal y detonaba en mi las mismas emociones caóticas que detono aquel ex de tantos años atrás.

El prospecto jugaba con dos ingredientes con los que usualmente juegan las mujeres en la etapa de la conquista, el interés y el desinterés inteligentemente mezclado, una indiferencia fría y calculada que usualmente produce efectos obsesivos en la presa, pero que si por algún exceso de dosis  empieza a hacer el efecto indeseado, es decir que uno se aleje, ellos convierten en un interés repentino que confunde a la más cuerda, a pesar de que mis luces rojas se encendieron al máximo, decidí seguir la interacción y dejarlo pensar que todavía me tenía cautivada sólo para averiguar más de su tipología emocional y para saber más de cómo me movería en este mismo escenario ya visitado antes, pero con el nivel de conciencia que tengo ahora, donde ya no creo en la danza del verdugo y la víctima, como cuando pasé la primera prueba con el "del gran cuadro".



Por eso supe que es un hombre básico con dificultades para ser feliz que tiene su vida reducida a dos campos de acción solamente, lo cual explica su necesidad de llamar tanto la atención manipulando emocionalmente a las mujeres, que no tenía una buena imagen de las mujeres y que no obstante se empeñaba en conquistarlas, y supe también que como tengo una energía masculina tan exaltada, eso me hace el blanco perfecto de armas de seducción netamente femeninas, esto último no lo supe la primera vez, y quizá sólo por eso valió la pena esta prueba de verificación y valió la pena conocerle y agradecerle que me siga mostrando parte de mi sombra.

Después de esto le dije Adiós sin despedida, sin pena y sin dolor por lo que no pudo ser, sólo con mi pensamiento y desapareciendo de su escenario físico lo dejé ir a seguir cumpliendo tan perfectamente con su misión en esta vida, es un entrenador muy disciplinado que sabe muy bien como descomponer emocionalmente a las mujeres y seguramente habrán más en fila esperando por esas lecciones maravillosas que definitivamente sólo aprendemos metidas de cabeza en ese laboratorio  cuya puerta de entrada es la atracción sexual y cuyos mejores experimentos son los que en su proceso alquímico se convierten en amor o en aprendizaje.


Gracias por haber sido parte de mi abundancia.