EL LADRON DE JOYAS
Si hay algo a lo que le temo es a que me roben, la sola idea de ser asaltada me paraliza, y no es por el valor de lo que me sea robado, sino que el acto en si me parece muy violento y traumático. Recuerdo una vez cuando vivía en la ciudad de Cali, me desplazaba en un bus del norte al sur de la ciudad y un hombre se sentó en el asiento del lado, yo llevaba unas joyas que no eran de oro, ni eran finas, pero lucían como si lo fueran, el hombre fijó su mirada en una pulsera y un anillo que llevaba puesto, parecía examinando la calidad de las joyas y a la vez estudiando el paso que daría para arrebatarlas de mi mano, conforme pasaban los minutos y su mirada estaba puesta sobre mi mano, yo empezaba a sudar del temor que empezaba a infundirme el hombre. Como no sirvo para postergar ni siquiera el miedo y me gusta tomar el toro por los cuernos, decidí preguntarle al hombre si me iba a robar, lo hice sin diplomacia alguna pero sin agresividad, en tono bajo para que nadie más que él me escuchara...