EL ARTE DE ENSEÑAR.
Conocí a Dunia poco antes de mi cumpleaños número veintiocho, ella fue el regalo que Saturno me dejó. Las dos estábamos tomando un curso de maquillaje, aunque ninguna de las dos hemos estado muy interesadas en el asunto lo suficiente para dedicarnos a ello. Ahora puedo ver en ese acontecimiento una cita cósmica que las dos teníamos que cumplir para que nuestros caminos se juntaran, no creo que mi presencia en su vida haya creado el impacto que la presencia de ella ha creado en la mía, ella ha sido mi MAESTRA, antes que mi amiga, y que mi confidente. De ella he aprendido las cosas más importantes y vitales para mi evolución personal. Puedo decir que mi vida se dividió en dos el día que la dejé entrar en mi vida. Mi vida después de Dunia nunca fue la misma. Ella invadió mi vida de conocimiento, cada encuentro con ella era lo más cercano a un diccionario exótico de palabras bellas, místicas y profundas de las que sólo ella conocía su significado. Ella además era la primera persona...