SIN PRISA
Cuando era niña siempre me asustaba el alboroto de la gente con el último día del año, todos interesados en amontonarse en algún lugar, de estar juntos, pero no revueltos, de pretender que estaban unidos en una causa que nunca terminaba de comprender. Tenía la sensación que cada 31 de diciembre era el llamado juicio final y que algo inesperado ocurriría, a veces percibía mucho miedo en la gente, a pesar de su aparente alegría; y pensaba que por eso se reunían, pero por mucho que trataba de saber de que se trataba ese miedo, lo más que lograba era ser contagiada por el mismo. He pensado que parte de la ansiedad que trae el nuevo año es la carga de expectativas que ponemos en el año más que en nosotros mismos. Lo digo porque cuando veo a la gente haciendo sus listados de año nuevo y sus mapas del tesoro parecen esperar que algo mágico que trae el año nuevo les realice ese propósito y el compromiso personal le cede espacio a esa magia que casi siempre nunca llega, porque el hechizo está...