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Mostrando las entradas etiquetadas como Meditación

SÁLVESE QUIEN QUIERA

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Ayer nos reunimos en la playa para juntar nuestras manos en meditación y enviar luz al planeta en pro de nuestros océanos. Aunque la convocatoria estaba abierta asistimos tres personas en mi locación, dos españolas y yo, y digo sus nacionalidades porque una amiga me dijo que eso me pasaba por andarme “juntando” con Latinos, que si andara más con americanos habrían asistido, ella que es Latina lógicamente no asistió... Juntamos nuestras manos y estuvimos en meditación cerca de diez minutos en la orilla del mar, después de que la meditación pasó me quedé pensando si eso de verdad servirá para algo, es la misma pregunta que me hacía en las clases de trigonometría cuando llegaban a mi mente interrogantes existenciales, debo decir que nunca he tenido que usar una ecuación para salir de un problema, y que a la hora de pagar las cuentas tampoco me ha sido de ayuda decirle a la cajera que puedo hacer una ecuación. Y creo que eso fue lo que siempre me restaba motivación por la educación acadé...

RITUALES

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Tengo que confesar que escribir para mí hasta hace poco había sido un “ritual” que empezaba con un desayuno que tenía que incluir capuchino, no cualquier capuchino, sino uno en especial que compro en una tienda. Después en lo posible una caminata de una hora en la playa o una hora de gimnasio, tiempo durante el cual se empezaban a cocinar las ideas sobre las cuales escribiría, y que buscaba grabar en mi diminuta grabadora portátil que siempre llevo conmigo, para no perder las ideas, luego sentarme en mi escritorio a escribir era la culminación del ritual y las ideas fluían para complementar las que ya había grabado. Pero desde que nació mi nieta mi ritual ha cambiado, ya no puedo tomar el capuchino porque mi hija no lo tiene en su casa, ya no hay caminata en la playa ni gimnasio, porque esas actividades quedaron desplazadas para cualquier horario que me permita hacerlo en aras de atender a mi nieta y pasar tiempo con ella. Lo que me sorprende es que antes no conseguía escribir una lí...

LA BAILARINA

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Samantha es una bella mujer de escasos 22 años quien estaba bailando danza clásica en la playa, lo hacía mientras jugaba con un velo de colores que sostenía en sus manos y que parecía estar bailando con ella, me detuve a observarla a pocos pasos de ella, y observé a muchos bailarines allí: el viento, el mar, el velo y ella. Una emoción de proporciones enormes me embargó en aquel momento mientras veía un espectáculo (por el que usualmente uno paga una fuerte suma de dinero) completamente gratis y en un escenario natural y exclusivo para mí. Samantha bailaba como una diosa dejando muestra de lo que seguramente era el entrenamiento de muchos años de su vida. A pesar de que no podía escuchar la música que ella bailaba porque llegaba a sus oídos a través de unos audífonos, no era necesario, parecía que la música nacía a partir de sus movimientos y no al contrario; y que de alguna extraña manera la música llegaba a mí, porque el conjunto era perfecto. Estuve completamente alucinada viendo el...