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Mostrando las entradas etiquetadas como seguridad

EL HOMBRE DE MIS SUEÑOS.

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Recuerdo cuando me presentaban postulantes a pareja y me recitaban todos sus logros materiales para hacerlo más atractivo a mis ojos: marca de auto, carrera, empresa donde trabajaba, premios recibidos, reconocimientos en algún deporte, club social al que pertenecía, y no se despertaba en mi ningún interés. A mi ese chip que muchas mujeres tienen y que responden con un enamoramiento automático a semejante conjunto de información, no me lo incluyeron en mi inventario genético. En cambio ese mismo entusiasmo me lo generaban aquellos hombres que se salían del molde conceptual del éxito, aquellos que no tenían seguridad o estabilidad que garantizarme, curiosamente mientras más un hombre tenía la capacidad de bailar en la cuerda floja de la vida más seguridad me reportaba, aquella que se produce el saberse seguro en medio del movimiento y el cambio. Los mochileros que se arrojaban con esa fe ciega a los brazos de un futuro incierto eran los que capturaban mi atención porque en ellos estab...

LA SEGURIDAD: ESA SOMBRA QUE JAMÁS NOS PROTEGE.

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Ella está pisando los noventa años, nunca se casó, tampoco tuvo hijos, le sobrevive solamente una hilera de sobrinos que en su gran mayoría no se acuerdan de ella, nunca fue amigable, ni conquistó el amor profundo de alguien en la vida, trabajó toda su vida y el ahorro fue el único dios que ella reconoció, venerándolo más que a su propio cuerpo. Aguantó hambre y soportó enfermedades sin tratamiento expuesta a la caridad del mundo en aras de conservar intactos sus ahorros, siempre negando que tuviera un peso en el bolsillo conseguía la caridad de su familia, de sus vecinos y de la gente de su pueblo. Todos sabíamos que ella tenía sus ahorros, pero decidimos ignorar ese detalle y ayudarla, pensamos que le hacíamos un bien con ello, ahora no puedo estar segura si le hicimos un bien, o si nos hicimos un mal a nosotros mismos. Envejeció protegida por la caridad social y cuando ya no pudo más cuidar de ella misma la internaron en un ancianato, donde las monjas dejaron de proveerle ...

¿Y SI ME PASA ALGO MALO?

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Estoy considerando ayunar de teléfono, no se todavía por cuánto tiempo, es sólo un experimento. Y es que estuve analizando la funcionalidad de mi teléfono en particular y me encontré con que es un aparato que está subutilizado en mi vida, adorna mi cartera, y su número escrito en mis tarjetas de presentación le anuncian a la gente que tengo un número que nunca marcan. Cuando suena casi nunca lo respondo, por lo que los mensajes que me dejan siempre empiezan así: “para que tienes teléfono si no lo contestas” ésa fue la primera voz de alerta que recibí respecto a la poca utilidad que tiene éste aparato en mi vida. La verdad es que la gente que me conoce bien sabe que lo mío es la comunicación escrita, que las cartas, los emails y los mensajes por cualquier servicio mensajero en internet reemplazaron en mi vida al telegrama y que a ellos respondo con mayor rapidez que a una llamada. Como mi negocio no depende del teléfono sino del email, pues sumele un punto más. Ésta idea me viene ronda...