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Mostrando entradas de julio, 2026

DE MI COLECCIÓN DE VERDADES INCÓMODAS

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 Hay una verdad incómoda que diré, los enfermos en general necesitamos más dinero que oraciones. No es mi caso, pues he gozado de los beneficios y el apoyo financiero de la entidad hospitalaria que se hizo cargo de mi tratamiento, y de entidades sin animo de lucro que trabajan para proteger a mujeres con cáncer de seno . El apoyo financiero es la mitad del tratamiento, porque nos permite estar libres del estrés financiero que no contribuye mucho con el proceso de sanación . Soy católica, pero la oración como se ha usado tradicionalmente no forma parte de mis prácticas, siempre he pensado que no tengo nada que pedir a mi ser superior , porque todo se me ha dado, lo que mi ego cree que no se me ha dado, es porque no lo necesito. Mi cuerpo quiere sanarse ya, pero mi alma anda buscando algo que realmente necesita a través de una enfermedad , porque con otros métodos no lo ha conseguido.  En éste orden de ideas, estoy convencida que la oración, ni la mía, ni la de nadie, puede ...

ESTANQUE LABORAL

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 Este verano mi nieta Samantha aprendió a pescar y el otro día me invitó a verla en acción, en un lago.  Recordé la vez que teniendo unos 6 años de edad, un amigo mío nos llevó de pesca al mar, él la guió hasta que consiguió sacar un pescado y los gritos de alegría de mi nieta inundaron el lugar. Allí estaba ella, por su cuenta con una maestría de quien lleva años pescando, organizando su vara de pesca y trazando su estrategia. Lanzó pan al agua para cebar a los más pequeños, pronto el área estaba llena de pececitos. Recordé que cuando algo es gratis el producto es uno. En efecto ellos estaban siendo el producto porque el pan "gratis" solo era una estrategia para que se agruparan cerca de ella y asi poderlos pescar.  Y funcionó, pronto picaban su vara con una facilidad asombrosa. Entonces supe que esos pescados pequeños servirían de carnada para conseguir un pez más grande. Ella los desenganchaba de su boca y cambiaba el anzuelo por uno más grande que lo enganchaba en la ...

LA DAGA

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​Fue en otoño cuando hundiste el filo: un golpe sutil, casi imperceptible. «Es solo una broma», dijiste, pero ni tu propia boca pudo sostener la risa mientras yo, en silencio, comenzaba a sangrar. ​Con los días, te aseguraste de ganar profundidad. Administrabas con maestría quirúrgica la indiferencia, el silencio y la confusión. Arrojabas discursos baratos, palabras obsoletas que no guardaban coherencia con tus actos, y que yo —por razones que aún no alcanzo a comprender— insistía en comprar. Contaba cada centímetro de acero abriéndose paso en mi pecho. Afuera llovía a mares, y en mi rostro también. Mis noches se volvieron insomnes, rotas, inaugurando cada amanecer con tu nombre como el primer pensamiento del día. Vivía hamacada por el vaivén de la esperanza, esperando el milagro de que retiraras el arma y pronunciaras un «te amo», o cualquier otra farsa que doliera menos que esa incertidumbre clavada en mi centro. ​En invierno intenté arrancar el metal por mi cuenta. Parecía simple, u...