DE MI COLECCIÓN DE VERDADES INCÓMODAS

 Hay una verdad incómoda que diré, los enfermos en general necesitamos más dinero que oraciones. No es mi caso, pues he gozado de los beneficios y el apoyo financiero de la entidad hospitalaria que se hizo cargo de mi tratamiento, y de entidades sin animo de lucro que trabajan para proteger a mujeres con cáncer de seno.

El apoyo financiero es la mitad del tratamiento, porque nos permite estar libres del estrés financiero que no contribuye mucho con el proceso de sanación.

Soy católica, pero la oración como se ha usado tradicionalmente no forma parte de mis prácticas, siempre he pensado que no tengo nada que pedir a mi ser superior, porque todo se me ha dado, lo que mi ego cree que no se me ha dado, es porque no lo necesito. Mi cuerpo quiere sanarse ya, pero mi alma anda buscando algo que realmente necesita a través de una enfermedad, porque con otros métodos no lo ha conseguido. 

En éste orden de ideas, estoy convencida que la oración, ni la mía, ni la de nadie, puede influir en mi destino. Yo debo recorrer ese destino sola, sin ese tipo de ayuda celestial. Mi manera de orar radica en agradecer, sobre todo la enfermedad misma, y por cada momento de alegría y motivación que conseguí conquistar durante ese rito de pasaje tan difícil, como lo fue aquel proceso de salud. 

En mi lenguaje, La oración no es pedir, sino tener los brazos abiertos para recibir, porque todo, absolutamente todo, lo bueno, lo malo, lo doloroso, lo triste y lo amargo que vivo a diario, tiene un propósito de amor y tiene un objetivo que mi alma reconoce aunque mi ego se niegue a verlo. 

Lo más importante que me está sucediendo con mi tratamiento pos cáncer, es vislumbrar los planes de mi alma, que me permite la aceptación de mi destino. ese comprender que sanar y curar no es lo mismo. Cuando la gente dice que alguien perdió la batalla contra el cáncer, están hablando desde el temor, porque el cáncer no es un campo de batalla, ni una guerra, sino el reconocimiento de esas verdades que nos hemos ocultado a nosotros mismos, es la oportunidad de pararnos entre la vida y la muerte y reconocer la temporalidad de ésta experiencia y de éste cuerpo. 

Y si la muerte es solo un vestier para cambiar de traje (cuerpo)? Entonces de alguna forma los pacientes terminales tendrían la oportunidad de entregarse a esa realidad y entrar a ese vestier con un mejor nivel de conciencia. En éste orden de ideas no se pierde ninguna batalla, se gana una oportunidad de despedirse y abandonar el apego por esta experiencia humana que para todos tiene que terminar en algún momento.




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