ZONAS ERÓGENAS
Él ha sido el único hombre que pudo conectar mis dos zonas erógenas: el clítoris físico con el cerebral, como dos puntos cardinales en los cuales se habla el mismo idioma, supo cual era la pulsión exacta con su lengua para activarlos al mismo tiempo, pues nunca he tenido un mejor amante oral en todo el sentido de la palabra, que él. También me amó con ese amor infinito que sólo promete la temporalidad de este plano. Fuimos llevados involuntariamente a un encuentro que ya estaba condenado al exilio y la derrota, y cumplimos puntualmente con el destino como dos condenados a muerte que saben que se van a morir después de haber degustado los más exquisitos manjares. Nuestro manjar lo servimos en la cama, y lo degustamos a sabiendas que no se acabaría al día siguiente, pero si antes del próximo año, nos dimos el lujo de idealizarnos sabiendo en el fondo que no éramos dioses sino demonios jugando al poder de la santidad. Nos separamos con la madurez del espíritu y así ensayamos a m...