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EL AYUNO DEL EGO.

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Hace unos meses mi amigo Jorge me dijo que no le gusta como escribo ahora, que tenía la sensación que estaba haciéndolo sólo por llenar un espacio, creo que se refería a que me sentía presionada a escribir casi a diario. De alguna manera tiene razón, me siento bajo presión porque sino escribo no sabría donde meter todas las ideas que se cruzan por mi mente a diario. Me acordé de Jorge un tiempo después cuando en una visita a Vianey, un amigo pintor, lo escuchaba hablar de sus cuadros como seres cargados de vida que adquirían carácter con el paso de los días y que se expresaban a si mismos usando las manos de él para contarle una historia al público, lo escuché atentamente mientras relataba los "accidentes" que a veces tenía con las pinturas y como esos accidentes formaban parte de un maravilloso plan cósmico que jugaba con las circunstancias, el carácter y la apariencia de sus cuadros. Sabía de lo que me estaba hablando porque es lo mismo que me pasa con mis artículos, ello...

EN EL BAÑO DE MUJERES

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Lo escuché por accidente en el baño del gimnasio, la mujer que lo dijo no sabía que yo estaba allí. Se refirió a mi como la mujer de las zapatillas viejas, mientras la otra respondió con una carcajada y habló de lo increíble que era que en todos los años que llevo asistiendo al gimnasio jamás he cambiado mis zapatillas, la conversación siguió en torno a mí, y la otra dijo que todo el mundo (menos yo) sabía que las zapatillas tenían que cambiarse cada seis meses ¿?. Me quedé sentada en el sanitario quietecita escuchando hasta donde llegaba la conversación, mientras ellas seguían haciendo una lógica disertación de lo extraña que resultaba que llevara las mejores y mas bonitas prendas del gimnasio (por lo menos eso me abonaron) pero conservara las mismas viejas, sucias y asquerosas zapatillas! Y se reían a las carcajadas, separando las frases con la polifacética muletilla de las gringas gomelas ¡Oh my god! ¡Oh my god! ¡Oh- my -god! (Oh Dios mío). Yo quería estar molesta, de verdad que lo ...