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MI CARTA DE RENUNCIA.

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El 13 de noviembre mi amiga María Cecilia Arango  preguntó en Facebook que haríamos si tuviéramos todo el dinero del mundo, me quedé pensando en lo que respondería y llegué a la conclusión que ya he hecho con mi vida lo que haría si tuviera todo el dinero del mundo, lo cual me hace inmensamente rica, quizá sólo viajaría más de lo que lo hago ahora con más dinero, aunque estoy convencida que aún sin dinero podría viajar, yo misma lo he hecho, y mi amiga Claudia Lema también ha dado pruebas de autosostenibilidad viajando a varios países sin mucho presupuesto. La conclusión a la que llegué es que no me estoy perdiendo de mucho por no tener todo el dinero del mundo. Pues hay algo que poseo y sin lo cual el dinero por si solo no puede hacer gran cosa y es la capacidad de adaptarme a las diferentes situaciones y entornos sin sufrir y sacando el mejor provecho de todo, por adverso que luzca. Me dio mucho gusto que mi amiga me diera pie a esta reflexión justo cuando yo empezaba a ...

AGRADECIMIENTOS.

Mi intención hoy va porque puedan conquistar la felicidad en la cotidianidad, que   consigan la suficiente magia para lograr convertir el metal del dolor en el más precioso oro del conocimiento y si pueden ser felices en el transcurso de ese proceso alquímico tanto mejor. Cuando más oscuro está, no siempre es porque amanecerá pronto, a veces la oscuridad, como en los países nórdicos, dura más tiempo del que quisiéramos, y para enfrentar la oscuridad no hay nada como el agradecimiento.   Mi lista anual de agradecimientos va así: gracias a: A mis hijos Jessica y Thomas por poblar mi pequeño universo con esos nietos maravillosos de los que disfruto en este momento. A Valentín Álvarez-campo por convencerme que podía actuar mi obra, por dirigirme y por ser esa persona nutritiva y amorosa que siempre esta recibiéndome con los brazos abiertos. Al teatro Havana Fama por darme la oportunidad de estrenar mi monólogo en su sala Al teatro Artspoken por confiarme su sala para que lo...

SIN PRISA

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Cuando era niña siempre me asustaba el alboroto de la gente con el último día del año, todos interesados en amontonarse en algún lugar, de estar juntos, pero no revueltos, de pretender que estaban unidos en una causa que nunca terminaba de comprender. Tenía la sensación que cada 31 de diciembre era el llamado juicio final y que algo inesperado ocurriría, a veces percibía mucho miedo en la gente, a pesar de su aparente alegría; y pensaba que por eso se reunían, pero por mucho que trataba de saber de que se trataba ese miedo, lo más que lograba era ser contagiada por el mismo. He pensado que parte de la ansiedad que trae el nuevo año es la carga de expectativas que ponemos en el año más que en nosotros mismos. Lo digo porque cuando veo a la gente haciendo sus listados de año nuevo y sus mapas del tesoro parecen esperar que algo mágico que trae el año nuevo les realice ese propósito y el compromiso personal le cede espacio a esa magia que casi siempre nunca llega, porque el hechizo está...