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LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

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Los cuentos de hadas terminan con una frase que las mujeres en especial hemos memorizado muy bien “y fueron felices y comieron perdices” más que memorizarla, la hemos convertido en una consigna que se nos tiene que cumplir a riesgo de quedarnos solteronas si es que el galán no llega en traje de rey y no nos promete felicidad representada en bienes terrenales, que es lo que tenemos asociado con felicidad. Sólo que ni somos princesas ni hay muchos príncipes encarnados en esta época, así que nos toca conformarnos con hombres de carne hueso que trabajan incansablemente para ganarse la vida, ya que la historia de amor de nosotros es distinta de la de los cuentos de hadas, porque en estos cuentos las pobres princesas tenían que pasar una serie de penurias e inconvenientes para poder llegar a los brazos de su príncipe, al mismo tiempo que el príncipe tenía que luchar contra miles de obstáculos para poder alcanzar a la princesa. Que no es otra cosa que las guerras que tendríamos que librarle...

CAPERUCITA ROJA Y LA LOBA FEROZ

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Caperucita roja era una joven mujer que había aprendido a ser una “niña buena” desde muy pequeña, le decían así porque siempre le gustó el color rojo desde que nació, por lo que usaba una capa con gorro roja todo el tiempo y unas preciosas zapatillas del mismo color. Le gustaba ir a caminar por el bosque con el pretexto de visitar la casa de su abuelita aunque esta había muerto cuando ella era apenas una niña en una misteriosa situación que nunca se esclareció y que oscilaba entre un cazador y un lobo. La madre de Caperucita admiraba el buen corazón de su hija que seguía cuidando de la casa de la abuelita a pesar del paso del tiempo, lo que ella ignoraba era que en ese bosque caperucita roja se retiraba su capa roja y dejaba al descubierto un vestido rojo sujetado al cuerpo con un prolongado escote y se cambiaba sus preciosas zapatillas rojas por unos tacones rojos, después se maquillaba la boca de rojo y vestía unos guantes tres cuartos de color rojo también que enloquecían a Fabio a...

LOS CUENTOS QUE LEEMOS

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Yo quería mucho a Melina, mi amiga de la adolescencia allá en la tierra del “mirá vé” en Cali, Colombia, alguna vez hasta pensé que estaba enamorada de ella. Físicamente lo tenía todo, recuerdo que pensé cuando la conocí que en efecto las caleñas si eran como las flores. Pero mis adultos dominantes decían que no era una buena compañía, ya saben como es eso, un talento especial que tienen algunos adultos dominantes para determinar quien nos conviene y quien no, generalmente basado en un prejuicio sobre los padres o la familia de los implicados. Así que Melina se convirtió en lo que yo diría una amante sin sexo, es decir aquella amiga tiniebla confinada a la oscuridad del closet de donde la sacamos cuando nadie nos ve. Luz María era la amiga que podía mostrar a los adultos dominantes, una mujer de aspecto angelical y de piel extremadamente blanca, a quien le temblaba levemente la voz para hablar, quien además era una niña “de su casa” que solo iba de su casa al colegio y del colegio a ...

CUENTOS DE FICCIÓN PARA EL ALMA.

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Había una vez una célula muy feliz, que vivía en el dedo del corazón del planeta mano bella, su nombre era Flor, ella emitía señales de amor al cosmos diariamente, cooperaba con sus vecinas cuando estas estaban faltas de recursos, prestándoles los suyos, muchas veces sabía que esos recursos no podrían ser devueltos pero como sabía que servían a un fin común no esperaba que le fueran devueltos. Su finalidad no era acumular recursos sino compartirlos para con ello engrandecer de vida el planeta y llenarlo más de luz, ya que la luz del planeta traería consigo la tan anhelada Paz. En el vecindario de Flor vivía otra célula llamada Ovidio, que siempre andaba a la caza de más recursos de los que la vida le proveía, tenía un gran sueño: ser una célula más grande que todas las demás, y tener algunas subcélulas más llenas de recursos para cuando el final del planeta llegara, aunque todos murieran él y su equipo de subcélulas pudieran sobrevivir gracias a esos recursos acumulados. En su afán p...