MINICUENTOS
EL SILENCIO En la casa de la abuela reinaba el silencio. Un silencio respetuoso porque nadie le contestaba mal a ella ni al tío. Un silencio piadoso para agradar a Dios. Un silencio de etiqueta, porque el ruido es de mal gusto. Y estaba ese otro silencio, ese que l a prima nunca pudo romper, pero que su cuerpo un día gritó adoptando un cáncer: los pasos imperceptibles de su tío abriéndose paso en sus entrañas sembraron pesadillas donde pudieron crecer sueños. LOS DOMINGOS Los domingos mis amigas salían al parque con el vestido nuevo de terlenka y los zapatos de charol, mientras yo en secreto visitaba a mi apá en la cárcel de la "Ladera" en el barrio Enciso. Allí conocí hombres muy peligrosos, que después de una conversación parecían inofensivos, quizá él juez exageraba, pensé. Jugaba con los maromeros de madera que ellos construían y que me mantenían igual de entretenida que las redes sociales de ahora. Una vez fui artista de una obra de teatro que los presos prese...