EL TUNEL DE LA INMORTALIDAD.
Uno de los trabajos que he realizado para ganarme la vida es despedir pacientes terminales en el túnel de la inmortalidad, algo para lo que muchas familias de estos pacientes no tienen tiempo y por lo tanto prefieren pagar a alguien para que lo haga. Cuando estoy en el proceso de despedir a alguien, me encuentro con mi propia partida, me doy cuenta que lo que sé de la muerte sigue estando en el ámbito de la teoría y me siento impotente para trasmitirlo por cuanto no he obtenido la práctica. Cada vez que me reconozco ignorante en el tema el paciente establece una relación estrecha y única conmigo que nos embarca en un viaje del que ambos nos despedimos rápidamente sólo que con rumbos diferentes. Sin embargo, yo siento que algo de mí penetra ese túnel de la inmortalidad, algo de mí conecta con la inutilidad del apego exagerado y con la inutildad de tantas luchas materiales y estériles que terminan por atarnos más a lo que inevitablemente concluye. Una de las lecciones má...