DE POETAS ESCRITORES Y LOCOS, A POETAS ESCRITORES Y FELICES.
Alguna vez alguien me dijo que ser poeta y escritor era un trabajo muy desagradecido, que uno tenía que tener un “nombre” para posesionarse en el mundo literario, si es que quería pasar a la posteridad, recuerdo que le respondí que para mí era suficiente con ser leída en esta vida, que de la posteridad que se encargaran los que estuvieran vivos en esa época y que ellos decidieran que hacer con lo que yo dejara escrito. Quienes han sentido la picadura del zancudo de las artes, saben de que les estoy hablando, de esa desazón que nos produce en la boca del estomago la incertidumbre de si nuestro talento contara con la simpatía del público o no, y es que de alguna forma ser artita ha estado asociado con fama y popularidad y el éxito artístico parece estar medido por la fama que se adquiera, o por la simpatía del público. Los escritores nos alimentamos con banquetes que aunque para unos sean modestos, para nosotros son grandes, como las cartas de los lectores, no tanto halagando n...