LOS ATRASOS DEL DESTINO
Parada frente al estante de autosuperación del Barnes and Noble leyendo un libro de Joan Borisenko , llega él por mi espalda y toca sutilmente mis hombros, lo hace como le es usual, con esa diplomacia y elegancia que no pierde por nada en el mundo. Ahí estaba yo almorzando una especie mediterránea de sándwiche, mientras el leía para mi los veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda, había comprado una versión para relagalarme incluso después de que le había dicho que lo mío es García Lorca, eso no pareció importarle, de todas maneras compró el libro, me leyó los poemas más románticos, mientras yo me preguntaba porque no me había pasado ésto veinte años atrás, cuando una escena como ésta hubiera estado cargada de todo el erotismo y romanticismo que son capaces de soportar mis sentidos. ¿Dónde estaba él hace veinte años? ¿Porqué no me buscó en barco o en avión en vez de meterse en la computadora y encontrarme veinte años más tarde para leerme los poemas que ya no ...