BAÑERA PARA CUATRO.
Sandra se perdió en aquel firmamento cargado de estrellas y esa luna creciente que provocaba columpiarse sobre ella, su mano extendida calculó la distancia entre ella y su copa de vino, estaba en la bañera con la que siempre había soñado, anclada en un enorme patio rodeado de árboles dándose un baño de espuma y esperando por su príncipe azul que recién había desempacado del baúl de sus sueños de quinceañera. Al elevar su mirada para enfocar de nuevo aquel firmamento, el rostro de su príncipe pareció emerger de la luz de una de aquellas estrellas y se fue acercando conforme ella le hacía espacio entre sus piernas para mecerlo entre su monte de Venus y la espuma abundante y perfumada que flotaba en la bañera. Él la miró con lascivia y apenas si le dio un beso en la comisura de sus labios, le abrió las piernas y la penetró con la violencia que ella le atribuyó a la impaciencia de un deseo no consumado, notó que cuando él estaba a punto de tener su orgasmo, él, benevolente se retir...