RITUALES
Tengo que confesar que escribir para mí hasta hace poco había sido un “ritual” que empezaba con un desayuno que tenía que incluir capuchino, no cualquier capuchino, sino uno en especial que compro en una tienda. Después en lo posible una caminata de una hora en la playa o una hora de gimnasio, tiempo durante el cual se empezaban a cocinar las ideas sobre las cuales escribiría, y que buscaba grabar en mi diminuta grabadora portátil que siempre llevo conmigo, para no perder las ideas, luego sentarme en mi escritorio a escribir era la culminación del ritual y las ideas fluían para complementar las que ya había grabado. Pero desde que nació mi nieta mi ritual ha cambiado, ya no puedo tomar el capuchino porque mi hija no lo tiene en su casa, ya no hay caminata en la playa ni gimnasio, porque esas actividades quedaron desplazadas para cualquier horario que me permita hacerlo en aras de atender a mi nieta y pasar tiempo con ella. Lo que me sorprende es que antes no conseguía escribir una lí...