EL LOCO.
Todos dicen que está loco, viste un pequeño pantalón de baño que cubre solo sus genitales, corre como un niño y hace yoga en la arena. Cuando se sumerge en el mar grita con la misma emoción que lo hacen los niños, está cerca de los noventa y uno lo cree solo porque su piel muestra las huellas del tiempo que lo han atravesado, su estado físico nunca lo delataría, ni su forma de caminar, tampoco la flexibilidad que exhibe cuando con plena dedicación construye un perfecto asana* con su cuerpo, menos aún cuando trota por la orilla del mar. Cuando eso pasa y uno lo observa en la distancia es fácil confundirlo con un joven y esbelto atleta. Todos en la playa lo ignoran, pese a que es parte del inventario diario de la misma, a mi me atrae majestuosamente su vida, la manera como el vive su vejez, y la inocencia que transpira por todos los poros, por eso sé que se llama Romeo, que habla tres idiomas, que vive en un apartamento en uno de los edificios de la playa, y que está retirado. También ...