EL PODER DEL ESPÍRITU.
Cuando la lluvia se hizo presente desde la más leve llovizna hasta el más torrencial aguacero, nadie se movió de la fila, menos aún mi compañero y yo. Aunque llegué a pensar que seríamos pocos los que entraríamos al Coliseo Arena de la Universidad Internacional de la Florida, El coliseo se llenó en el más absoluto orden, un silencio inusual invadía el lugar, una colaboración poco común en un evento público se respiraba en todo el sitio, todos estabamos mojados por el aguacero, pero a nadie parecía importarle. Los baños se llenaron de damas en ropa interior secando sus prendas con el secador de manos y todo el mundo tenía dibujada una misteriosa felicidad en sus rostros. Era día de fiesta. Mientras el maestro de ceremonias anunciaba el programa algunos representantes de la prensa gringa hacían su entrada en un orden que nunca antes había visto, parecía una marcha de prensa preparada con anterioridad para no romper la solemnidad del momento. Después de un concierto celestial que escuché ...