EL PODER DEL ESPÍRITU.

Cuando la lluvia se hizo presente desde la más leve llovizna hasta el más torrencial aguacero, nadie se movió de la fila, menos aún mi compañero y yo. Aunque llegué a pensar que seríamos pocos los que entraríamos al Coliseo Arena de la Universidad Internacional de la Florida, El coliseo se llenó en el más absoluto orden, un silencio inusual invadía el lugar, una colaboración poco común en un evento público se respiraba en todo el sitio, todos estabamos mojados por el aguacero, pero a nadie parecía importarle. Los baños se llenaron de damas en ropa interior secando sus prendas con el secador de manos y todo el mundo tenía dibujada una misteriosa felicidad en sus rostros. Era día de fiesta.

Mientras el maestro de ceremonias anunciaba el programa algunos representantes de la prensa gringa hacían su entrada en un orden que nunca antes había visto, parecía una marcha de prensa preparada con anterioridad para no romper la solemnidad del momento.

Después de un concierto celestial que escuché con mis cinco sentidos, apareció el Dalai Lama en el escenario, mientras todo el público lo acompañabamos con un aplauso que no prometía final. Un estremecimiento colectivo que hizo evidente la presencia de una energía sacra contagiosa y arrebatadora invadió aquel lugar. Mientras lo observaba una parte de mí se resistía a creer que un solo hombre pudiera lograr mantener una multitud de personas que lo admiran en esta histeria colectiva tan silenciosa. Me dí cuenta que no había necesidad de gritar como lo hace la gente frente a un personaje que nos despierta admiración, todos allí estabamos gritando, estábamos absolutamente emocionados por su presencia, ésa es la magia de la auténtica paz, que los sentidos griten sin que hagan ruido.



Sólo un hombre como el Dalai Lama puede operar esa clase de magia sobre los seres humanos, sólo un hombre como él logra reunir personas de religiones y credos diferentes para que escuchen sus enseñanzas, su sabiduría esta mas allá de la separatividad. El Dalai Lama es la única prueba que tiene el mundo materialista (quien siempre exige pruebas) de que el espíritu tiene arrastre, al margen de ese sistema de creencias colectivo que dicta que el poder lo determinan las posesiones materiales. El Dalai Lama solo es un hombre cubierto con una túnica roja cuyo poder y posesión más grande es su sabiduría, es quizá el único hombre en el mundo que no necesita tener nada para cobrar tanta importancia cuando llega a un país.

Mientras observaba la multitud de gente allí presente sentía la esperanza florecer, hay muchas personas en el mundo que quieren asumir un auténtico compromiso con la paz, y por eso estaban allí, el mundo no está en peligro absoluto mientras sigan existiendo personas que quieren escuchar hablar de paz, ése es un buen comienzo.

Como buen sabio, su discurso sobre la "compasión" no excedió los treinta minutos y posteriormente se dedicó a responder preguntas. La mayoría de las preguntas tenían algo en común: la inconformidad que el ser humano siente con el mundo materialista y el deseo para restarle importancia y otorgársela en mayores proporciones a una vida espiritual. Es como si nos hubiéramos subido en un vehículo del que no nos podemos bajar, ni siquiera cuando se detiene, como si pensáramos que solo ese vehículo nos puede transportar a ese destino tan anhelado por todos llamado felicidad.

Si, ese día era de fiesta. Afuera la noticia más importante del día era la liberación de Gloria Trevi.

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