LA PROSTITUTA DEL VECINDARIO.

Adoro la piscina del edificio donde vive Alina, es agradable, bonita y sobre todo me da la opción de salir al mar, solo que hay que pagar un gran precio por ir allá, en términos de disciplina y normatividad. La misma Alina se lamenta de que las normas son absurdas, como por ejemplo que las toallas que usemos sean del mismo color de los muebles de la piscina o que las medidas de seguridad sean tan estrictas que tengamos que usar un censor digital para movernos de un área a la otra, o que no podamos comer sino estrictamente en el área estipulada por la administración del edificio. Siempre que estoy allá veo en apuros a algunos visitantes a quienes les cuesta ser normativos. Yo cumplo con todas las normas me estén viendo o no, soy tan fanática de cumplirlas que soy de las que cuenta cuatro segundos en las señales de "pare" que es lo que dice el reglamento, aunque sean las cuatro de la madrugada, no haya cámara en la intersección y tenga la absoluta certeza de que nadie me está viendo. Cuando no me gustan las normas que estoy siguiendo evito regresar al sitio donde soy sometida a ese tipo de normatividad.

Así es como se vive regularmente en este país, hay mucha normatividad, en mi condominio también estamos llenos de normas, no pueden vivir niños, ni mascotas, ni personas menores de cincuenta y cinco años, mi esposo y yo fuimos aprobados como parte del porcentaje de menores que por ley tienen que aceptar en los condominios para personas mayores, y nuestras mascotas fueron a corte para poder seguir viviendo aquí. No obstante en el reglamento no esta estipulado que no pueden haber prostitutas en el vecindario por lo que tenemos una de planta y bien instalada, también perteneciente al porcentaje de menores de cincuenta y cinco. Yo estoy bien con el hecho de que viva aquí, en algún lugar tienen que vivir las trabajadoras sexuales, los que no están bien son los vecinos mayores de cincuenta y cinco, quienes están en franca alarma. Todo iba bien porque la mujer era discreta, todos lo sabíamos, pero hacíamos que no lo sabíamos, las cosas cambiaron desde que un cliente de la mujer en mención se enamoró de ella, y llora por los pasillos a altas horas de la madrugada suplicando por la compañía de la dama, mientras ella desgasta su cuerpo y engrosa su chequera con otros clientes. El húngaro del segundo piso llamó a mi puerta a pedirme que tuviera el valor que él no tiene para reportar a la policía a la mujer y a su cliente enamorado, como dormía con tapa oídos no me había dado cuenta de las escenas, por lo que no podía denunciar algo que no había escuchado, y entre otras cosas no me hace muy feliz dejar a la puta del vecindario sin en donde vivir y al pobre enamorado sin en donde llorar a su puta. Así que me rehúse a reportarlo aun después de que escuché el llanto herido del macho enorme y atractivo que llora por su hembra de vida alegre. El hombre húngaro se marchó del vecindario, pero a veces han venido otros vecinos pidiéndome hacer lo mismo, y siempre termino preguntándome que es esa manía que tenemos de poner a otros a que hagan lo que no tenemos el valor de hacer, también me pregunto si será que tengo cara de heroína de película que algunos piensan que soy la salvadora del condominio.

Como están las cosas en este momento, siento profundo respeto por la manera como cada uno elige ganarse el dinero, también por los sentimientos de un león grandulón con corazón de ratón. Y reflexionando sobre toda esta normatividad de condominios en este país, recordé la vez que fui con la empleada de mi madre a visitar a una amiga nivel social 10 en Cali, y la armamos para meternos en la piscina y entrar en el sauna, hasta que vino el celador (guarda de seguridad en colombiano) y me anunció que no podía dejar disfrutar de esos mismos placeres a la empleada del servicio, parte de las normas del condominio también, cuando le dije que no era la empleada sino parte de mi familia, se rió y me dijo "vamos, cualquiera se daría cuenta que no es cierto" se refería a que su fisonomía era indígena y la mía no, supongo, entonces me disfracé de recolectora de basura, en colombiano parcera alias ñera; y le pregunté si ahora yo tampoco podría entrar en la piscina, el pobre hombre se vio en dificultades y me dijo "ay mi señora no me ponga en aprietos" me dio pena por el hombre y mejor me fui de allí con la empleada de mi madre que ya me quisiera yo que fuera de mi familia, con esa calidad humana que tiene esa mujer.

Y es muy curioso que en estos sitios donde compartimos la misma infraestructura física se nos invite a vivir en comunidad (común unidad) pero que las normas aboguen por la separatividad. No aprendemos la lección esencial que nos dejan las catástrofes naturales, donde el compartir con los demás alimentación y vivienda son como el entrenamiento que la vida nos ofrece para aprender mas sobre la convivencia, la tolerancia, el derecho a la igualdad, el respeto por la diversidad y nuestra capacidad de dar.

Comentarios

KAZVEL ha dicho que…
Como siempre, la destreza de plantear una situacion de una manera tan habil que envuelves y cuando uno se da cuenta ya esta enredado en moraleja de la historia, es imposible escapar del acto de pensar y tener que emitir una opinion hacia dentro o hacia fuera despues de leerte.
Me gusta ese exquisito gusto tuyo para diseccionar palabras, lo celebro, como celebro la oportunidad de leerte.
Un beso y sigue escribiend.

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