PORQUE TE QUIERO TE APORRIO

Mi amiga Sara dejó la secundaria para casarse con un hombre que la maltrataba, de eso hace ya más de 20 años, siempre llamaba a mi puerta con su bebé en brazos, la cara lastimada y ocasionalmente con alguna fractura, llorando y pidiendo ayuda, yo le daba una aromática y la llevaba al hospital mientras dejaba a nuestros respectivos bebés con mi madre. Sólo que ella no salía del hospital conmigo sino con él, con su esposo, que arrepentido la buscaba y lloraba, se le arrodillaba y le suplicaba perdón y siendo sinceras hasta a mi me daba pena ver el dolor de aquel pobre hombre. Nunca le aconsejé que regresara con él, pero tampoco le dije que no lo hiciera, no me ha gustado dar consejos, soy más bien observadora de los procesos de los demás. Una sola vez mi esposo, el de ese entonces, intervino mientras el marido de Sara la golpeaba, y ella se levantó del piso y se enfrentó como una fiera a mi esposo por atacar a su marido. Esa fue la última vez que la ayudé, ese día supe que necesitaba más ayuda de la que yo le daba.

Nunca me imaginé que unos años después la violencia doméstica llegaría a mi propia familia. Ocurrió con el primer matrimonio de mi hija, reviví exactamente cada capitulo vivido con mi amiga Sara, con el agravante que en esta ocasión se trataba de mi hija, que ella tenía que viajar por todos los Estados Unidos con su ex esposo y cuando ella llamaba a contarme que estaba lastimada generalmente estaba en otro estado del país a donde yo no podía llegar para ayudarla. El teléfono se convirtió en mi peor enemigo porque sonaba a altas horas de la madrugada y siempre con malas noticias. Ni siquiera contar con la suerte de que aquí la mujer está más protegida legalmente contra este tipo de abuso, fue suficiente para nosotras. En este proceso mi hija visitó varios hospitales y refugios para mujeres maltratadas y yo aprendí toda la teoría respecto a la violencia doméstica y como tratarla para terminar descubriendo que la mayoría de esas teorías están muy bien escritas y seguramente que habrán ayudado en la tesis de alguna sicóloga que se las inventó y que le habrán dado buenas posiciones laborales a algunos profesionales de la salud mental pero que lamentablemente no son funcionales.

Como no tengo talento para el odio, era peor, porque salía del hospital a consolar a mi yerno a quien quería mucho a pesar de las circunstancias, y me sentía reviviendo la misma compasión que despertaba en mi el esposo de Sara, llegaba a mi casa exhausta y cargada con el dolor de ambos sin poder tomar partido siquiera, y pensaba que todo sería más sencillo si tan sólo pudiera sentir rechazo por el atacante de mi hija.

Cierta vez me llamaron del hospital para avisarme que mi hija estaba ingresada, la encontré con el rostro maltratado y con algunas lesiones en la espalda enfundada en un bata de hospital con su rostro marchito y completamente desesperanzada. Entendí que lo único que podía hacer era seguirla acompañando en su proceso, y respetar su experiencia y su lección aunque en ello se nos fuera la vida, tambien comprendí que el rol materno es más duro ejercerlo cuando los hijos son adultos que cuando son niños, después de todo cuando son menores estamos amparados por lo que para nosotros es la autoridad y en nombre de ella siempre podemos hacer algo, cuando son adultos son seres independientes con sus propias lecciones de vida y con sus propias cargas, que no podemos cargar por ellos. Decidí que no debía condicionar mi respaldo y mi ayuda a que ella hiciera las cosas como yo creía que debía hacerlas, y que debía dejarla que ella solita tomara sus decisiones. Mientras reflexionaba en todo ésto me enfrentaba al temor de que muriera a consecuencia de algún enfrentamiento con su esposo y recordé que cuando me embaracé de ella uno de los compromisos que hice con su alma es que no me adueñaría de ella, que entendería que yo sólo era un medio para que ella llegara a éste mundo y que le dejaría vivir su vida; y le respetaría su ciclo kármico. También recordé que en éste compromiso estaba incluido que me preparaba para su vida y para su muerte (unque quizá para eso nunca estemos preparados)

Después de ésto, a los pocos meses mi hija tomó la decisión de dejar a su esposo, lo hizo con la sangre fría, en medio de uno de esos momentos que tenían de armonía familiar, cuando nadie se lo esperaba y no llevada por la rabia de un ataque físico, recogió sus cosas con la calma que otorga en estos casos el cansancio y tomó valor de donde no lo tenía y lo dejó, pese a las súplicas de él y a su dolor (que yo sabía que era real).

Ese día mi hija volvió a nacer. Ésta no ha sido la única vez en que soltar una situación y confiar en la madurez que mi hija está adquiriendo, ha rendido frutos en mi familia, siempre he pensado que a los hijos hay que tratarlos con la terapia de la valoración, haciéndolos sentir que son importantes, que son valientes, que las equivocaciones no son sinónimo de fracaso sino el camino que nos conduce a la madurez, que a los hijos hay que protegerlos del enemigo mayúsculo en la relación padres e hijos: la culpabilidad. No obstante cuando observo las interacciones entre padres e hijos noto que es el elemento que casi siempre esta presente entre ellos, y que la culpabilidad parece ser un código de comunicación mediante el cual los padres consiguen validar su autoridad. Quizá no nos hemos percatado aún de que frases como "te lo dije" "si hubieras hecho las cosas de otra forma" "si hubieras seguido el ejemplo de..." "si hubieras estudiado aquella carrera" "si fueras como tu hermano, o como el vecino, o como el primo" "no pareces hijo mío" todas estas frases además de que no son funcionales sólo contribuyen a que el equipaje de culpabilidad se incremente y el sentido de poca valoración haga más pesado ese equipaje. Cuidar el lenguaje con que nos dirigimos a los hijos constituye nuestra mayor responsabilidad como padres, una responsabilidad que nunca expira. Y comprender que las equivocaciones de los hijos no siempre apuntan a que no son mejores seres humanos o a que no hemos sido buenos padres es de mucha ayuda a la hora de seleccionar un lenguaje más nutritivo y asertivo para con los hijos.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Deberías de clonarte. Necesitamos mas madres (y mamasitas) como tu en este mundo.
KAZVEL ha dicho que…
Evidentemente acabas de darme la mayor leccion de Teologia, siendo que este no era el tema, pero captado en una optica mas alla de lo que comentas, acabas de fijar la posicion de Dios en su relacion con nosotros.
Brillante, pero mas que brillante tu post, es sencillamente valioso porque es una leccion de vida, hacia nuestra descendencia, nuestra ascendencia y nosotros mismos, es complicado, demasiado complicado pero realmente las cosas que valen la pena lo son, si no fuera asi, en el cuento de los tres cerditos la mejor casa seria la construida con paja.
Me encanta leer lo que escribes, continua por favor, derrama sobre nosotros tu Idem, digo, tu Luz.
Buen dia
Anónimo ha dicho que…
"Muchas mujeres se dejan golpear debido a su baja autoestima. Generalmente tienen la esperanza de un cambio espontáneo de quien agrede,aceptan sus disculpas una y otra vez y creen las promesas de que no se lo volverán a hacer. Lo que más influye es el temor al prejuicio social, las convicciones ético-religiosas, la dependencia económica y el miedo a represalias. "
Felipe A Lora
Anónimo ha dicho que…
No queria leer este blog debido a que se trataba de violencia domestica. pero bueno lo hice y es obvio que hizo latir mi corazon mas rapido de la frustracion y el enojo que me produce eso.
La mujer que se deja o permite que le peguen es por que tiene una dependencia economica y/o emocional, la decision de cambio de esta situacion esta en sus PROPIAS MANOS. uno es el artifice de su propia felicidad. Casi todas las cosas que hacemos en el diario vivir las constituyen las decisiones - por que no tomar una decision para que no nos lastimen mas ??

Christel Fagan

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