LA GANADORA.
Siendo una niña solía llegar a casa con mis logros académicos y algún adulto dominante de mi entorno familiar solía preguntar de cuanto dinero había sido el premio, la sensación de minusvalía que me quedaba era agobiante, al punto que desistí de obtener más logros académicos, porque pensé que no tenía sentido esforzarme por algo que no tenía remuneración económica, pero también porque llegué a pensar que todo aquello que no tuviera dinero de por medio no valía la pena. Era otra forma más de las que se usan cotidianamente para socavar la autoestima no sólo de los niños sino también de los adultos, de hecho eso no ha cambiado mucho, cambian los escenarios y los protagonistas pero el libreto sigue intacto. Y lo recuerdo ahora a propósito de la nominación que me hicieron en los premios NPE a mejor poetisa erótica; y como cuando estaba recogiendo votos recibí preguntas acerca de cuanto dinero era el premio, hubo también quien cuestionó la manera como estaba siendo evaluada, no con un jura...