EL HOMBRE DE MIS SUEÑOS.
Recuerdo cuando me presentaban postulantes a pareja y me recitaban todos sus logros materiales para hacerlo más atractivo a mis ojos: marca de auto, carrera, empresa donde trabajaba, premios recibidos, reconocimientos en algún deporte, club social al que pertenecía, y no se despertaba en mi ningún interés. A mi ese chip que muchas mujeres tienen y que responden con un enamoramiento automático a semejante conjunto de información, no me lo incluyeron en mi inventario genético. En cambio ese mismo entusiasmo me lo generaban aquellos hombres que se salían del molde conceptual del éxito, aquellos que no tenían seguridad o estabilidad que garantizarme, curiosamente mientras más un hombre tenía la capacidad de bailar en la cuerda floja de la vida más seguridad me reportaba, aquella que se produce el saberse seguro en medio del movimiento y el cambio. Los mochileros que se arrojaban con esa fe ciega a los brazos de un futuro incierto eran los que capturaban mi atención porque en ellos estab...