¿Y SI NO ABRE EL PARACAÍDAS?
Cada día asisto a un evento navideño distinto, y en cada evento me doy cuenta que en cada casa a la que voy se tiene incluido en el presupuesto y en el itinerario de navidad una noche para compartir alimentos con otras personas. Valoro inmensamente estas costumbres que le dan significado a estas épocas, sobre todo porque en estos tiempos cierta cortesía socio doméstica se ha perdido. Mi madre siempre incluía en la comida diaria un par de porciones extras, ella las llamaba las porciones del peregrino, lo que me asombraba era que esos peregrinos siempre llegaban, no había teléfono para anunciarse antes de llegar por lo que las visitas eran imprevistas, pero uno se ponía tan feliz cuando llegaba una visita, y era capaz de desocupar la alacena para atender bien a la visita. Eran épocas en las que uno pensaba más en compartir que en guardar, no teníamos miedo de quedarnos sin nada que comer, ese temor siempre era apaciguado con la frase “Dios proveerá”. Durante la época en que mi espos...