PREDICADORES ANÓNIMOS

En las últimas semanas he visitado con frecuencia la oficina de mi médico de cabecera y debo confesar que muchas veces preferiría ser examinada por el guarda de seguridad de la oficina, a quien en buena hora se le encargó también la recepción de la oficina. El hombre de unos 45 años de edad, de color y con una envidiable energía lo recibe a uno con una radiante sonrisa que pone feliz al más deprimido, con frecuencia uno se lo encuentra en el parqueadero cerciorándose de que nadie parquee en un lugar prohibido y le sea movido el auto. Luego le pregunta a uno como está, generalmente esta medianamente enterado del motivo de consulta por lo que suele preguntar puntualmente, como sigue su ulcera, su hernia, su dolor de cabeza etc, lo cual demuestra que tiene una memoria envidiable. Cuando le entrega a uno la hoja que debemos llenar se asegura de preguntar en que idioma la quiere el paciente, domina perfectamente el inglés el Creole y el español, y cuando digo domina, es porque sabe cambiar de idioma con una facilidad asombrosa y sabe pensar en español, lo sé porque lo he observado, porque he hablado con él en español y me he percatado de la manera tan fluida como lo habla y como incluso se sabe chistes de esos que son imposibles de traducir a otro idioma.

Muchos de los pacientes que coinciden conmigo en la sala de espera se expresan muy bien de él, es un personaje que llama poderosamente la atención, brilla con luz propia, me atrevería a decir que es más importante que el mismo doctor, uno se siente bien sólo al encontrarse con su sonrisa, él transmite mucha seguridad, me quedo corta de palabras para trasmitir lo que es vivirlo en primera persona, personalmente me siento inundada de amor por él.

Me recuerda a Amelia, la que fuera la empleada doméstica de mi madre, estos personajes me hacen pensar que todos venimos con una misión en esta vida, y que el sufrimiento viene cuando queremos desviarnos de esa misión, cuando ignoramos cual es esa misión, o cuando sabiéndola, queremos cumplir con otra porque el ego no está satisfecho con nuestra elección al nivel del alma.



Cuando mi madre murió, Amelia se dio el lujo de ser ella quien eligiera a su nuevo empleador, estaba tan bien referenciada, y había tanta gente que sabía de su excelente desempeño en casa de mi madre que fueron muchas las personas que le ofrecieron emplearla, recuerdo que se tomó su tiempo, que fue el mismo en que me acompañó mientras desocupaba la casa de mi madre y mientras pasaba mi duelo. Está tan comprometida con su labor de cuidar de otros a través de su oficio como empleada doméstica que a ella no se le ha ocurrido “aspirar” a más. Y encierro la palabra aspirar entre comillas, porque aunque muchos vean esa decisión de ella de manera peyorativa, a mi me merece mucha admiración, ya que ella ha fluido tan bien con su misión que se rehusó a estudiar, aún así es una mujer económicamente tan organizada que tiene materialmente una vida mas cómoda que muchas mujeres que trabajan en empleos de más simpatía por la colectividad.

Personas como Amelia, y este hombre de seguridad con el que inicio este artículo me llenan de inspiración cuando he sido tentada a apartarme de mi misión en esta vida, tuve el privilegio de saber cual es, y sé que no todos gozan de ese privilegio, o que muchos que lo han tenido, simplemente lo han ignorado y han seguido no su misión sino la que otros han destinado para ellos, en el camino se han marchitado, yo no quiero marchitarme, y pienso que por eso es que aparecen en mi camino tantas personas como Amelia y este hombre que saben para que fueron puestos en este mundo y que silenciosamente impactan la vida de mucha gente, me inspiran más que aquellos que dicen estar en el mundo con la misión de cazar almas para un Dios en particular, son personas que simplemente siguen su huella, sin importar la jerarquía que adquieran profesionalmente, en el plano espiritual gozan de un liderazgo que es difícil alcanzar.


Amelia, mi guerrera de fuego.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Que bonito homenaje a "oficios" que generalmente son vistos de forma despectiva, hace tiempo trabajo en una empresa de limpieza,reucerdo que un dia mi jefe me dijo : " siempre que dejes tu lugar de trabajo procura que la gente se de cuenta que tu estuviste aqui, que este tan bien, que tu actitud sea tan buena, que la gente vea la diferencia" desde hace algun tiempo soy supervisora y me sorprende el poco orgullo que mostramos cuando realizamos nuestra tarea, la tarea mas humilde, la mas callada, la menos glamorosa a veces es la mas importante...por que la realizamos nosotros, por eso debe ser la mejor,
Un saludo
XeRvAnTeX ha dicho que…
Los Doctores de corbata y vestido elegante deberían dejar el orgullo y aceptar que tras esos trapos no son nada.
Carlos Dario Madrigal ha dicho que…
Precioso tu post mujer...un omenaje a aquellos que viven y dan a los demás el verdadero amor...gracias...muaaa.

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