LOS HOMBRES CAÍDOS
H ay momentos que me capturan, segundos que me atrapan en su esfera de eternidad y que me sumergen en imágenes tan reveladoras que es como si me entregaran la pieza faltante de un rompecabezas que termina dándole forma a algún aspecto de mi vida inconcluso. Eso me pasó la otra vez que estaba leyendo un cuento de mi autoría para el público en un teatro de Miami. El conductor del programa llamó al escenario a un hombre de mediana edad, alto, fornido y guapo, lo sentaron a mi lado y de inmediato percibí todos sus dolores tanto corporales como emocionales, estos últimos tan profundos que parecían dolores más del alma que del cuerpo, jugaba con sus manos nerviosamente por lo que me quedé mirándolas, estaban gastadas por el trabajo fuerte seguramente en construcción, de repente emergió ante mis ojos una herida que empezaba en su dedo del corazón y terminaba en su dedo meñique, como si un cuchillo hubiera atravesado en diagonal sus tres dedos, la herida estaba completamente abierta, ...