APRENDIENDO A CAMINAR DE NUEVO.


Llevo cuatro semanas conviviendo con una lesión en el sacro, aprendiendo del dolor que es un maestro no deseado pero inconscientemente elegido,  lo que me ha mantenido lejos del gimnasio pero caminando más de lo que lo hacía regularmente, porque me alivia el dolor ya que no tomo calmantes. Como siempre los médicos tienen más interrogantes que respuestas, el gran interrogante al que ya me acostumbré es “como ha sido posible que yo camine todos estos años” yo no sé como, pero lo he hecho exitosamente, y lo único que se me ocurre es que mi cuerpo tiene la asombrosa capacidad de recrearse a si mismo diariamente.

Cada día cuando emprendo mis caminatas, que usualmente no son menores de dos millas, hago esa caminata sumida en el más profundo agradecimiento, me considero privilegiada de saberme tan consentida por mi estructura ósea para hacer todo un trabajo cuya explicación que se le escapa a los más eminentes médicos ortopédicos. Sé que es una labor dispendiosa sobre todo para mi columna vertebral a quien incluso le escribo cartas de agradecimiento, porque cada vez que me alcanza algún malestar en el que están envueltas mis caderas o la espalda, es inevitable que piense que a lo mejor mi columna se cansó de trabajar horas extras conmigo y simplemente quiere descansar, en mis conversaciones con mi columna, siempre le digo que me envíe señales y me avise cuando ese descanso es necesario, le digo que no quiero abusar de ella y que no tengo con que pagar por tanta generosidad para conmigo.

Parte de las reflexiones a las que me ha llevado esta etapa en la que mi espalda baja ha capturado mi atención, tienen que ver con enfocarme en las actividades que hago para consentirme a mi misma, una larga lista se apuró en mi memoria, lista que pretendo compartir al terminar este artículo, pero había una actividad en mi lista que tenía en el olvido: Los masajes. Así que retomé mis masajes, he tenido la fortuna de haber encontrado hace muchos años a una excelente y luminosa masajista que no sólo sabe muy bien lo que hace técnicamente, sino que por su formación holística, le ayuda a uno a encontrar la causa síquica de los malestares físicos, es de una precisión asombrosa. Así fue como ella me puso a buscar en mi pasado un patrón que se está repitiendo en este momento de mi vida. A los dos días después del masaje durante una de mis meditativas caminatas la respuesta se me reveló mágicamente.

Mi madre siempre incluyó en todas mis historias clínicas que cuando aprendí a caminar no podía hacerlo por largos tramos, porque el dolor era impresionante y tenía que sentarme, pero estar sentada por mucho tiempo también me producía dolor, en aquella oportunidad tenía la mano de mi madre agarrada siempre de la mía como soporte por si me caía y de alguna manera eso me dio seguridad en la vida y en mi misma. En aquella oportunidad fue solo cuestión de tiempo mis dolores eran razonable ya que mi cuerpo se estaba adaptando a una nueva morfología y estaba trabajando con lo que tenía, en cuanto mi cuerpo con toda su sabiduría terminó su proceso de adaptación los dolores desaparecieron y yo he podido llevar una vida normal.



El día de la caminata comprendí que algo similar me estaba sucediendo, es la primera vez que camino por la vida sin la mano de mi madre, ni la de una pareja, es la primera vez que veo el mundo delante mío solitario, llegó el momento de saber que tan bien aprendí a caminar entonces y si realmente me solté de la mano de mi madre. Antes cuando me quedaba sin pareja estaba esa cueva protectora maternal donde sabía que si todo fallaba ahí podía llegar. Mi madre siempre conservó mi habitación intacta, esperando por mí, era su manera de expresarme que seguía contando con ella, y ese refugio de alguna manera siempre me brindó seguridad. En este momento estoy de nuevo aprendiendo a caminar, esperando adaptarme a mi nuevo cuerpo (estructura social) esperando que ese cuerpo social construya falsas pelvis para moverme mejor por el mundo, y aprendiendo a confiar en la solidaridad de una amorosa columna vertebral social que evidentemente tengo en mi vida.

El cuerpo es la máquina más poderosa con la que contamos, nos habla todo el tiempo y a veces somos tan sordos emocionalmente hablando que en vez de sentarnos a escucharlo, lo saturamos de sustancias químicas para que actúe a favor de nuestras pequeñeces, cuando la parte más grande de nosotros, nuestra alma, está tratando de comunicarnos algo. Yo no sé cuanto tiempo me tomará aprender a caminar de nuevo, pero estoy en el camino, y este camino ya es mi meta.

Les comparto mi lista de cosas que hago para consentirme, para expresarme amor a mi misma y respeto por este vehículo corporal que ha cooperado incondicionalmente con mi tránsito por este planeta, me gustaría saber si he inspirado a alguien a hacer su propia lista, o lo que es mejor, si alguien que no tiene esta práctica se siente inspirado a hacerlo.



Ayuno

Caminar por la playa

Un baño de inmersión (con sales y aceites) una o dos veces por semana.

Comer Sushi y salmón ahumado

Pasar un día completamente a solas y hablar solo si es necesario

Darme un masaje al mes

Tomarme una copa de buen vino antes de ir a dormir

Leer un libro que me resulte estimulante

Comer con los ojos cerrados y despacio

Meditar

Hacer yoga

Ponerme crema en todo el cuerpo una vez al día.

Hacerme el manicure una vez a la semana y el pedicure cada dos semanas.

Ver una película que resuene con mis creencias espirituales

Encender velas e incienso en mi habitación

Reunirme con mis amigas.

Cocinar algo que me gusta a calor de un buen vino y música celta.


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