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APRENDIZAJES DE DOBLE VÍA

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  1- En la primera etapa de mi vida aprendí a mentir muy bien, al menos eso piensa todo mentiroso. Era mi mejor escudo protector contra el bullying que padecí durante mucho tiempo. Inventar realidades paralelas más bonitas que la que vivía, me permitía a veces ganarme el respeto de los bullers, aunque duraba poco porque en cuanto se enteraban que había mentido, la situación empeoraba.  Salir de ese círculo y aceptar mi realidad me costó mucho tiempo, esfuerzo y sobre todo conocimiento de la naturaleza humana. Pero poder mostrarme  al mundo como soy y no esperar ser aprobada y amada por todos ha sido una victoria que me costó sudor y lágrimas, y ha sido posiblemente la batalla más importante que he librado. En el proceso perdi muchos "amigos" o que dijeron serlo, porque no pudieron ver la luz que había  al dorso de ese lado oscuro que ostentaba cada que mentía, no solo me juzgaron, sino que me condenaron negándome toda oportunidad de cambio. Ni siquiera me regalaron e...

DE LAS MENTIRAS Y SUS SECUACES.

Desde muy niña aprendí que resguardar nuestros propios intereses estaba por encima de la verdad, incluso de la aceptación de la realidad. La verdad sigue siendo un liquido que se acomoda al recipiente que mejor le convenga a la gente, la verdad es maleable, tiene la propiedad de convertirse en lo que el sostenedor desee, es por eso que conocer a los demás se hace tan difícil, porque hay que navegar por los sinuosos caminos de sus verdades inventadas y por lo laberintos de mentiras que protegen la verdad desgarradora que no desean mostrar a los demás.  La mentira no debería escandalizarnos tanto como de hecho lo sigue haciendo, y quizá nos afecta tanto porque quedamos al descubierto frente a nosotros mismos, porque nos reflejamos en los que mienten, nos re descubrimos como mentirosos cuando lo hemos hecho, pero nuestro instinto nos lleva a condenar las mentiras de los demás a falta de no podernos condenar a nosotros mismos. La mentira tampoco debería lastimarnos tanto, quizá la pa...

MENTIRAS PIADOSAS

Todos mentimos, y lo hacemos más de lo que queremos admitirlo, incluso lo hacemos inconscientemente. La vehemencia con que defendemos la sinceridad es directamente proporcional con nuestro talento para mentir, no lo hacemos con la intención de lastimar a nadie por supuesto, salvo algunas excepciones, pero si no me cree, sólo tiene que pedirle a alguien de confianza que interrogue a una persona que tuvo una experiencia (buena o mala, no importa) con usted y que la grabe, se sorprenderá al ver que la manera como reposa esa experiencia en la memoria de esa persona, dista mucho de cómo reposa en la suya, y seguramente usted pensará que es un mentiroso, me aventuro a decir que si bien es la manera que tenemos para nombrar la distorsión de la “realidad” la verdad es que la manera como todos percibimos una experiencia es tan intima y personal que es imposible que dos personas la vivan exactamente igual. Mentimos por instinto de supervivencia, y aunque pensamos que la supervivencia sólo se ...

MENTIRAS BONITAS

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VERSIÓN UNO Nací con una luxación unilateral de cadera, no puedo imaginar lo que fue para mi madre ayudarme a aprender a caminar con esa limitación, sobre todo cuando empecé a caminar largas distancias y los dolores en la cadera se hacían insoportables. Ante la falta de recursos médicos mi madre se dedicó a orar para que yo mejorara, me puso en manos del Cristo de Zaragoza, un Cristo que hizo aparición en una lejana población de Antioquia llamada Zaragoza. Las peregrinaciones de los fieles eran famosas por lo extremas que llegaban a ser, algunos de ellos caminaban durante meses hasta la población ofreciendo su cansancio físico como sacrificio para obtener un milagro. Mi madre ofreció humildad representada en bajar su orgullo para pedir limosna en el pueblo y recoger una cifra de dinero para llevarle al Cristo como premio adelantado por el milagro, también ofreció que yo (a decir más ella que yo) renunciaría a todo lujo el día de mi primera comunión y que la haría en la iglesia del m...

EL GRAN CUADRO

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Durante mi primer divorcio, me enamoré perdidamente de un hombre, sabía que no era buen negocio meterse en otra relación saliendo de una, pero mi naturaleza pisciana enamoradiza venció a mi otra naturaleza racional. El hombre era menor que yo, pero tenía una madurez increíble, bueno al menos lo que yo creí que era madurez dadas las bastas condiciones analíticas que tiene una mujer enamorada dirigida por una química sexual arrolladora. El vivía en una ciudad lejos de la mía, y cada uno estaba bien establecido en su respectiva ciudad, lo cual le daba ese ingrediente extra de imposible que condimenta una pasión desbordante. La correspondencia que para entonces era gracias al señor del correo adpostal en Colombia, porque aun no teníamos el email, intensificó la pasión con la carencia, valga decir otro ingrediente extra del enamoramiento, pues entre carta y carta pasaba tranquilamente una semana y a veces hasta más tiempo. Mientras más me decía mi razón que la relación estaba destina...