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Mostrando las entradas etiquetadas como Antioquia

UN ADIÓS INUSUAL

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La muerte tiene la peculiaridad de colarse en la vida y pasearse con toda su lúgubre sensualidad mientras todos seguimos viviendo, pinta el panorama de una infinita gama de grises y consigue que muchos la ignoren al punto que siguen viviendo sus vidas y acumulando cosas materiales como si la muerte solo fuera un espejismo que les pasará a los demás menos a ellos. Mientras ella moría en un hospital en la ciudad de Medellín Colombia, yo almorzaba con la familia de mi esposo y tomaba fotografías como siempre lo hago, como si en una parte de mi supiera que esa es la única inmortalidad física a la que tengo acceso, al mismo tiempo sus sobrinos estaban inmersos en sus actividades y su enorme familia la esperaba del otro lado, porque ella fue la única que tardó en llegar a la eternidad. Mi primo Diego dice que desde que mi madre murió, diez meses atrás, ella se fue apagando lentamente como si en una parte de ella supiera que su generación se había extinguido y era hora de darle paso a las...

LA REAL ACADEMIA DE MI LENGUA.

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En la jamilia de mi ama habían muchos pispos, y en la de mi apa, había una tía ojiazul y mona, y por eso todos creyeron que eran igualiticos, hasta la más negrita era racista, mi ama decía quesque “perro no come perro”. Mi ama era morenita y por eso la jamilia de mi apa no la querían, de nada le servía que juera una ilustrada, mujer de letras, maestra de escuela, ellos querían que juera maestra de la universidad, porque es que a la gente no la tiene uno contenta, cuando te cogen inquina se pegan de cualquier pendejada pa’ joderte la vida. Lo que si no hubo en las dos jamilias fue bobos, y eso es mucho decir, porque en todos los pueblos de aquellos entonces tener un bobo por jamilia era de esperarse, uno como se acostumbraba a esas cosas, y es que pueblo no era pueblo sin un grupo de bobos hazmerreír en la plaza del pueblo, allá se la pasaban todos atembaos dándole pretextos a los gotereros del pueblo pa’ beber a costillas de los ricos, porque eso si, nadie sabía mejor como braviar un b...

PEREGRINOS.

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Cuando me levanto por la mañana y salgo de mi habitación mis ojos se estrellan con el espectáculo que después de tantos años me sigue maravillando. La sala de mi casa está llena de hombres que duermen amontonados en unos tres colchones que hay dispuestos en el piso, pueden ser alrededor de seis, nunca son menos de tres. Mi padre los llama peregrinos, y el los encuentra en las calles de Vegachí (Departamento de Antioquia, Colombia) cada noche. Son personas que van de paso por el pueblo para las minas de Segovia, en busca de fortuna, no tienen donde pasar la noche y mi padre no es capaz de regresar a casa a dormir placidamente al lado de mi madre y dejarlos por fuera de su comodidad. No se si es porque soy hija única y tengo una vida solitaria que este panorama me resulta tan emocionante, lo que viene es mejor todavía, mi padre le da órdenes a la empleada para que prepare desayuno para ellos, antes de que abandonen nuestra casa y emprendan viaje a su destino. En el comedor que hay en c...