UN ADIÓS INUSUAL

La muerte tiene la peculiaridad de colarse en la vida y pasearse con toda su lúgubre sensualidad mientras todos seguimos viviendo, pinta el panorama de una infinita gama de grises y consigue que muchos la ignoren al punto que siguen viviendo sus vidas y acumulando cosas materiales como si la muerte solo fuera un espejismo que les pasará a los demás menos a ellos.

Mientras ella moría en un hospital en la ciudad de Medellín Colombia, yo almorzaba con la familia de mi esposo y tomaba fotografías como siempre lo hago, como si en una parte de mi supiera que esa es la única inmortalidad física a la que tengo acceso, al mismo tiempo sus sobrinos estaban inmersos en sus actividades y su enorme familia la esperaba del otro lado, porque ella fue la única que tardó en llegar a la eternidad.

Mi primo Diego dice que desde que mi madre murió, diez meses atrás, ella se fue apagando lentamente como si en una parte de ella supiera que su generación se había extinguido y era hora de darle paso a las nuevas generaciones, hasta que finalmente se marchó con el mismo misterio con que vivió su vida, sin despedidas, sin llanto surcando su cama de hospital, despedida por la vida en la misma soledad en que ella decidió vivir la suya, permitiendo que otros decidieran por ella que hacer con su cuerpo inerte, como mostrándonos que todo ese control que también pretendemos tener sobre la muerte sólo es una ilusión más que nos inventamos para vivir cada vez menos despiertos a la realidad de que la muerte es lo único seguro que tenemos.



Durante muchos años no tuvimos la visita de la muerte, desde hace un año exactamente ella está paseándose por nuestra familia, como saldando deudas, como reestructurando nuestra junta directiva, pero sobre todo haciendo de su presencia un misterio más grande del que ya es.

De ella, de mi tía Epifania, no obtuvimos la noticia de que había muerto, sino sus cenizas en una caja, nos tocara confiar en que esas cenizas sean las de ella y no las de alguien más, nos tocara creer en que la causa de muerte es la que muestra un documento firmado por algún médico de turno, eso pasa cuando uno esta viejo, no tiene hijos ni esposo y mucho menos dinero, uno pasa a ser un objeto corporal que debe dejar la cama porque hay más enfermos esperando por esa cama, o más futuros postores a la cremación. Esta es una realidad que no nos gusta, pero el sistema está estructurado así, y nosotros pasivamente lo hemos aceptado, desde nuestro silencio y nuestra complicidad con “lo que debe ser”.

La muerte de mi tía tiene en común con la de mi padre que mientras más nos estaban enseñando acerca de la inutilidad del temor a no tener suficiente, más crecía ese temor entre los que estaban a su alrededor, y que curiosamente esa epidemia de temor ocurrió en el mismo lugar del mapa donde vi la luz por primera vez y de donde me auto exilié porque alguna vez pensé que siendo Antioquia un departamento de Colombia donde la religión impera siempre tuve la sensación que el dios que mas gobierna es el dinero, un dios falso al que me he resistido venerar tanto como temer.

Epifania Monsalve Castaño

Comentarios

Diego Monsalve ha dicho que…
No mucho que decir; Antioquia le exigio el dinero que nunca le dio, que nunca, como muchos antioqueños, nos esforzamos para sacar la tierrita adelante... Ella quiso ser ella, ella fue ella; eso fue lo que quizo arrancarle la oligarquía antioqueña, el dinero que como esclava de la tierra nunca pudo darle a sus gobernantes; y en las ultimas horas no perdono eso...
in dubio pro reo
Alexandra Vega Rivera ha dicho que…
...en torno a la muerte siempre hay tanto silencio como opiniones y posturas, Antioquia es una esquina inagotable en la que se pasean flamantes desde curas ricos hasta curas pobres... puede ser mucho para opinar. Pero respecto a tu escrito, nada. Es impecable. Abrazo.
Natalia Lema ha dicho que…
La muerte es para otros un renacer, una puerta de acceso a otra dimensión que desconocemos, un despertar... por ello el temerle no tiene sentido. Sin embargo como mortales que somos nos inquieta que se acerque a nosotros y a quienes amamos. Ojalá supiéramos no temerle a la vida que tenemos en frente.
Alexandra Vega Rivera ha dicho que…
Lumediana, siguiendo las huellas de una gran amiga que encontró tu blog sin saber cómo y en el que luego me encontré yo con maravillosos manifiestos como "cambiar para hacer feliz a los demás es tiempo mal invertido", amé tus letras y desde entonces te sigo.

Gracias por pasarte por acá y seguir la pita hasta el maravilloso circulo de mujeres en el que colaboro, es un espacio que fué parido hace unos días de la forma más mágica e inesperada. Bienvenida siempre!

Yo también celebro y brindo por la coterraneidad que no une y las letras que activan ésa conexión.

Abrazo fuerte mujer!

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