DE LA QUÍMICA LA FÍSICA Y LA CUÁNTICA SEXUAL

Él no era en absoluto guapo y era mucho mayor que yo, pero como uno tiene que atribuirle algún don a quien tiene compatibilidad sexual con uno yo pensaba que era listo y más que inteligente, brillante, también pensaba que era creativo y eso me seducía de él. Uno piensa muchas cosas cuando está enamorado, y lo que uno piensa en ese estado no es algo de lo que debamos fiarnos. Lo peor que pasa cuando estamos enamoradas es que la necesidad por el otro nos vence, estamos convencidas que el otro tiene la exclusividad sobre esas descargas eléctricas que se generan en nuestro cuerpo. No deberíamos elegir pareja cuando estamos enamoradas porque tenemos demasiados velos cubriendo la realidad que nos circunda.

En aquel entonces pensaba que era bueno en la cama, uno siempre piensa eso hasta que llega uno mejor, Aunque tan pronto como me hacía el amor, decía cada cosa que me desconcertaba, era como si estuviera molesto conmigo la mayoría del tiempo, al menos el tiempo que no estábamos en la cama. Y su motivación para agredirme obedecía única y exclusivamente a mis actividades intelectuales, le fastidiaba que escribiera, que tuviera cierto magnetismo con la gente y casi todo lo que era yo. Llegué a la conclusión que lo único que le gustaba de mí ni siquiera era mi cuerpo, sino lo que podía hacer con él.

Vivíamos en Noruega, y él me seducía con la idea de hacerme residente si me casaba con él, y con eso no tendría que regresar a Colombia cuando mi visa se venciera, lo cual en los noventas resultaba una oferta atractiva porque regresar a Colombia no era muy alentador.

Recuerdo el día que me invitaron al bedehuse* de Rua, el pueblo donde vivíamos, a dar un recital de poesía en español para un grupo de chilenos asilados allá, cuando llegamos a casa, me tiró del brazo y me insultó porque según él, yo sólo había ido a exhibirme, aseguró que ante mi falta de talento para escribir lo único que tenía para exhibir era mi "belleza" latina y que como lo sabía por eso abusaba de mi suerte. Como se notaba que el pobre no había visto bellezas latinas o no se sentía merecedor de una belleza de verdad, ya que yo siempre he estado muy lejos de ser una belleza.

No tardé mucho en comprender que estaba siendo abusada sicológicamente, sobre todo cuando empecé a dejar de escribir y a creerme todo lo que él decía acerca de mí. Sus opiniones acerca de mí eran muy pobres, y su admiración por mí estaba reducida solamente al ámbito sexual, me había convertido en su juguete sexual, y al margen de eso, yo no tenía ningún valor para él.



El día que le anuncié que lo abandonaba, él trató por todos los medios de recoger sus insultos y la manera peyorativa con que me había hablado durante el tiempo que habíamos vivido juntos para arreglar las cosas y que permaneciera a su lado, pero siempre su argumento más fuerte seguía siendo hacerme residente de un país nórdico, algo que él me estaba vendiendo y cuyo precio era mi libertad.

Aunque él lo negó todo el tiempo, me retuvo contra mi voluntad, me quitó el dinero que tenía guardado y me cercó con el pretexto que me estaba protegiendo de enemigos que sólo residían en su imaginación y no en mi país como él aseguraba.

Pero pienso que quien ama de verdad su libertad no le pone precio. Después de agotar todos sus recursos para que permaneciera a su lado, Salí de aquel país, y durante la conciliación jugó a ser la víctima de abandono, pero yo siempre tuve claro que simplemente me estaba eligiendo a mi misma.

Y así lo hice en contra de los pronósticos de muchos, que pensaron que jamás reuniría valor para abandonar a aquel hombre. Salí de su vida y de su país, sin mirar para atrás porque pienso que ningún estatus migratorio amerita que uno venda su libertad, porque pienso que si me hubiera quedado ya no podría culparlo a él de lo que me pasaba, cuando una mujer se queda al lado de un abusador emocional o físico, de alguna manera se convierte en su cómplice, ya no se trata de un hombre agrediéndolo a uno, se trata de uno agrediéndose a si mismo, consintiéndolo, las razones por las que uno soporte una vida así pueden ser muchas pero ninguna tendrá tanto peso como la libertad de seguir siendo uno mismo en el paraíso que uno elija, no en el infierno que otro determina.

También somos responsables por la manera como los demás se relacionan con nosotros, porque como dice el dicho, nadie camina sobre mi espalda si yo no me inclino.

*Bedehuse: salón comunal


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