ATRAVESAR EL PURGATORIO PARA ACCEDER EL CIELO.
Estaba haciéndome un sándwich y como siempre suelo hacerlo, le recorté los bordes al pan antes de poner a tostar el sándwich, una amiga que estaba conmigo me preguntó porque hacía eso y mi memoria se remontó inevitablemente a mi niñez cuando me servían la comida y yo consumía lo que me gustaba de la comida y dejaba el resto. Mi madre pensó que sería buena idea servirme primero lo que no me gustaba y dejar para lo último, como premio, lo que más disfrutaba en aras de ser una niña bien alimentada. En ese proceso aprendí a llenar mis bolsillos de comida, a poner la comida debajo del mantel y a usar el sifón del piso del comedor para meter la comida indeseada en aras de poder saborear la que me gustaba. Obviamente todo fue descubierto, y el último recurso que agotó mi madre fue el religioso, argumentando que la comida que no me gustaba era la simbología del purgatorio, y la comida que me gustaba era el cielo “hay que pasar por el purgatorio antes de ganarse el cielo’ concluía. Como nunca...