EL CIELO QUE USTED CONSTRUYE.

¿Porqué si los viejitos ya se van a morir son tan amargados? Me preguntó un niño en estos días; y ante mi silencio prosiguió “es que no entiendo deberían estar agradecidos por vivir tanto tiempo, entonces deberían sentirse muy contentos”. Lo único que se me ocurrió responderle es que tenían miedo a morir y el miedo lo hacía a uno más agresivo, y él respondió mientras se enfrascaba en su siguiente tarea “entonces no vale la pena que hayan vivido tanto tiempo”.

Los niños como siempre tienen algo que enseñarle a uno, si uno les responde a sus preguntas termina uno siendo quien tiene mucho que preguntarles, están dotados de una sabiduría que lamentablemente van perdiendo en la medida en que van creciendo hasta convertirse en uno más de esos viejitos amargados por los que ellos preguntan ahora.

A mí también me ha ocupado mucho esa pregunta, y otras tantas respecto a la vejez, como por ejemplo ¿porqué las personas viejas gustan tanto de acumular cosas? lo único que se me ocurre es que con ello buscan apropiarse más de esta experiencia humana, con ello buscan de alguna manera engañar a la muerte y darle suficientes pretextos para que no se los lleven todavía. Uno nunca es lo suficientemente viejo para querer morirse, y la gente que amamos tampoco nunca será lo suficientemente vieja para que se justifique el cambio de traje, la transición entre una vida y otra.

Tanto el mal carácter, como el apego y la avaricia han sido características que toman más fuerza en la personalidad de la gente con el paso del tiempo, a los viejos les cuesta compartir lo que tienen, sobre todo si lo que tienen es demasiado y les sobra, es como si en alguna parte de ellos conservaran la esperanza de que la tecnología descubra que nos podremos morir con mudanza incluida, les cuesta prestar sus cosas, les da miedo invitarlo a uno a comer, porque temen quedarse sin comida, quizá por eso se hacen más participes de las “obras de caridad” de aquellas en las que sólo dan de aquello que les sobra, aquello que es feo y ya no les gusta, aquello que ya no tienen en donde ubicarlo, o aquello que han conseguido apropiarse de otros. La avaricia adopta tantas formas como máscaras, si bien en toda la población con mayor énfasis en los viejos.



Personalmente pienso que nuestra vida debe estar consagrada a prepararnos para saber envejecer, adquirir mas propiedades emocionales que materiales  para llegar a viejos, empezar a repartir nuestra mejor herencia en vida, dejando una buena huella en todo y en todos los que tocamos a diario, siendo un remanso de paz con el que todo el mundo quiere estar en vez de ese ser humano gruñón que todo el mundo quiere mandar a una casa de retiro. La buena convivencia, la generosidad y el desapego son los tres atributos más grandes por los que quiero cambiar la firmeza de mis músculos y la tersura de mi piel, quisiera que la única rigidez que me pudiera permitir sea la de mis huesos o mis músculos, no por falta de ejercicio sino porque soy consciente que este cuerpo, al igual que nuestro mejor traje, se deteriora con el tiempo; y que la enfermedad en la vejez sólo es la manera como el alma está buscando liberarse.

CONSTRUYENDO SU CIELO.

Aleida llegó al cielo completamente convencida que su vida entera había sido consagrada a Dios y a servir al prójimo, por eso ella no dudó en tomar el camino más directo al cielo. Cuando llegó se registró en la recepción del cielo, pero San Pedro le comunicó que allí no había un lugar para ella, ante el desconcierto de Aleida, San Pedro la tranquilizó diciéndole que habían muchas clases de cielos, que ese en particular era el cielo de oro, y que dado que ella no estaba en lista para ese cielo debía buscar en el de plata a ver si ahí estaba.

Aleida se anunció en el cielo de plata, pero tampoco la encontraron en el listado, San Pedro de plata le sugirió que fuera al cielo de bronce, donde ella se hizo buscar dos veces y tampoco la encontraron. Aleida pasó mucho tiempo buscándose en los listados de los cielos de titanio, de aluminio, de porcelana, de plástico, de vidrio y de lata y no encontró su lugar en ninguno de esos cielos, preocupada pensando que quizá la enviarían al infierno trataba de buscar sus fallas en la tierra, pero no las encontraba, finalmente el San Pedro de Lata, le sugirió que se presentara en el cielo basurero y reciclaje, que era el único que le faltaba por recorrer. En efecto Aleida estaba registrada en aquel enorme cielo donde todo estaba hecho con basuras y productos de reciclaje, consternada y sintiéndose algo discriminada preguntó porque ella estaría registrada en ese cielo y no en el de oro, si ella había sido una ciudadana de primera clase con mucha calidad humana y sobre todo muy caritativa, San Pedro de reciclaje y basurero le respondió que a uno le hacen el cielo con lo mismo que uno da. “seguramente usted sólo regalaba lo que le sobraba, lo que ya iba destinado a la basura, lo que le pedía a los demás para dar, y pues con eso mismo le construimos su cielo”.
(Este cuento no es de mi autoría, ignoro el nombre del autor)



Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Muy especial tu escrito, como siempre dejas una honda reflexión. El cuento del cielo lo conocía pero no lo recordaba. Es también muy hermoso. Abrazos positivos
Mirta

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