CUANDO ELLOS SON VÍCTIMAS DE ELLAS.

La peor enfermedad que asiste al ser humano es el resentimiento, para ese no hay remedio sino auto remedio, pero como el resentido cree que está en lo correcto no se puede automedicar. Lamentablemente el resentimiento parece ser una emoción estrogénica ya que anida más en el gremio femenino que en el masculino.

Y es que socialmente se ha victimizado más a la mujer como objetivo de la violencia doméstica que al hombre, y en nuestros tiempos la violencia a los hombres está igualando en cifras a la que recibe la mujer. No obstante parece un tema tabú, una suerte de complot cultural que no sabemos si se mantiene en las sombras para proteger el orgullo masculino o para proteger la victimización femenina.

Estoy en deuda con mucha gente con este tema, se lo debo en especial a dos hombres que conozco y que fueron víctimas de violencia doméstica por parte de sus esposas, de la más cruda y desgarradora violencia, que les arrebató lo que tanto le cuesta a muchos hombres obtener: la confianza en mujer alguna en el futuro, a menudo bromeando les digo que no me sorprendería que después de esta experiencia decidieran volverse homosexuales. Y estoy en deuda porque las mujeres que eligieron fueron mujeres que les presenté, lobas en piel de ovejas que consiguieron hacerse pasar por buenas candidatas a pareja estable y que posteriormente se desgarraron su piel de oveja, dejando al desnudo sus garras y su naturaleza bélica.



Las mujeres de naturaleza violenta elaboran con más premeditación sus ataques a los hombres porque muchas carecen de la fuerza física para agredirlos, es por eso que construyen artimañas legales para dejarlos mal parados laboral y legalmente mientras socavan su economía, manipulan las leyes a su favor, son capaces de auto agredirse para montar un caso de violencia doméstica contra ellos, cuando con lo que hacen las que están violentando son ellas. La imaginación de algunas mujeres para violentar un hombre puede ser ilimitada y puede alcanzar rumbos insospechados. En el proceso acumulan suficiente resentimiento para cerrar con broche de oro, destruyendo las posesiones materiales de ellos, y vandalizando las que fueran sus propias casas, eso ocurre cuando lo ven todo perdido, cuando saben que la ley en un país como este, es implacable y que la oveja mejor disfrazada puede ser desenmascarada, cuando comprenden que USA es un país donde la ley funciona mejor que en otras partes y por lo tanto no pueden sobornar, mentir y urdir trampas a su favor para beneficiarse. Entonces dan la estocada final, usan sus contactos de su vida pasada para atentar contra la vida del que fuera su esposo, intimidan a su familia vía telefónica, contratan brujas de medio pelo para conseguir con brujería lo que su magia femenina no consiguió, en conclusión pierden la razón, al punto que cavan su propia tumba con cada acto que cometen, mientras le hacen creer a todo el mundo que son mujeres victimizadas y abusadas. Después se jactan de haber contado con la suficiente inteligencia para hacerle la vida imposible al otro, pero que inteligencia puede tener una mujer que no es capaz de tener el suficiente control sobre si misma, para salir por la puerta grande de una relación, cualquier mujer inteligente sabe que quien sale por la puerta grande sale, no solo con más dinero, sino con más puertas abiertas para seguir adelante con su vida.

En algunos condados del sur de la Florida ya son cuestionadas las denuncias por violencia doméstica de parte de las mujeres, ya no es un secreto que hay mujeres capaces de producirse ellas mismas las heridas en su cuerpo para incriminar a un hombre, es por eso que el cerco para este tipo de prácticas se está cerrando y este tipo de artificios está fracasando.

El despecho y el resentimiento femenino ha producido miles de libretos de películas en donde muchas veces el desenlace es fatal, es por eso que a muchos hombres les resulta mucho más barato, hacer un buen arreglo económico a cambio de su libertad, que insistir en defender patrimonios familiares y someterse a una justa repartición de bienes, lo cual solo es otra forma que adopta la prostitución femenina. Si una mujer no es capaz de conseguir una jugosa suma de dinero más que a través de un mal matrimonio, que entre otras cosas ella no supo hacer funcionar, su productividad personal es tan pobre como su sentido de valía, y seguramente saldrá a buscar su siguiente víctima. Es una verdadera desgracia que este tipo de abuso doméstico permanezca en el anonimato y que no se legisle otorgando cuando menos algún tipo de tratamiento para el manejo de sus emociones y el dominio sobre si mismas, no sólo porque hacen una pésima representación del gremio femenino, sino porque fortalecen esa fama que seguimos cargando las esposas de Fieras indómitas.


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