EN DEFENSA PERSONAL
Los únicos males que me aquejaron siendo una niña fueron las amígdalas y los parásitos, recuerdo que me llevaban donde el médico quien con sólo abrirme un ojo tenía el diagnóstico de parásitos y yo pensaba que el podía ver las lombrices a través del iris de mi ojo. Cuando acudía por amigdalitis él palpaba mi garganta y metía un palo de palet (sin paleta de curuba) en mi boca y el diagnóstico estaba listo, no necesitaba hacer exámenes para saber lo que tenía, lo mismo sucedía si era alguna de esas complejas enfermedades que atacaban a los adultos. El médico era mi héroe, un brujo con poderes que con frecuencia se transaba con el paico* para acabar con mis parásitos y con las gárgaras caseras para mi amigdalitis, él no tenía urgencia económica y no recibía comisión de ningún laboratorio por intoxicarnos con medicinas, y sabía tanto que no necesitaba de los laboratorios para hacer diagnósticos precisos, uno sabía que iba al médico y que ese mismo día se sentiría mejor. Como ha cambiado ...