LOS CUENTOS QUE LEEMOS
Yo quería mucho a Melina, mi amiga de la adolescencia allá en la tierra del “mirá vé” en Cali, Colombia, alguna vez hasta pensé que estaba enamorada de ella. Físicamente lo tenía todo, recuerdo que pensé cuando la conocí que en efecto las caleñas si eran como las flores. Pero mis adultos dominantes decían que no era una buena compañía, ya saben como es eso, un talento especial que tienen algunos adultos dominantes para determinar quien nos conviene y quien no, generalmente basado en un prejuicio sobre los padres o la familia de los implicados. Así que Melina se convirtió en lo que yo diría una amante sin sexo, es decir aquella amiga tiniebla confinada a la oscuridad del closet de donde la sacamos cuando nadie nos ve. Luz María era la amiga que podía mostrar a los adultos dominantes, una mujer de aspecto angelical y de piel extremadamente blanca, a quien le temblaba levemente la voz para hablar, quien además era una niña “de su casa” que solo iba de su casa al colegio y del colegio a ...