EL DESTIERRO.
En el año sesenta y nueve mi padre fue detenido por las autoridades, mi madre que era profesora en Vegachí, una población del departamento antioqueño, fue destituida de su profesión por petición de los padres de familia, que no la consideraban digna de educar a sus hijos siendo la esposa de un presidiario. Mi madre apeló con un abogado por la restitución de su empleo, y luego de haber ganado el caso le notificaron que sería reintegrada a su trabajo pero en una lejana población si quería recuperar su empleo. El salto de Guadalupe, población donde queda una de las centrales hidroeléctricas de las empresas públicas de Medellín, era el sitio al que sería enviada mi madre y que para todos constituía una suerte de castigo o de destierro. Sin otra alternativa a la mano para mantenerse y mantenerme, mi madre aceptó, vendió todo el patrimonio familiar que habían adquirido durante el matrimonio y emigramos al Salto de Guadalupe. Donde lo que nos encontramos fue una especie de paraíso anclado e...