LA REAL ACADEMIA DE MI LENGUA.

En la jamilia de mi ama habían muchos pispos, y en la de mi apa, había una tía ojiazul y mona, y por eso todos creyeron que eran igualiticos, hasta la más negrita era racista, mi ama decía quesque “perro no come perro”. Mi ama era morenita y por eso la jamilia de mi apa no la querían, de nada le servía que juera una ilustrada, mujer de letras, maestra de escuela, ellos querían que juera maestra de la universidad, porque es que a la gente no la tiene uno contenta, cuando te cogen inquina se pegan de cualquier pendejada pa’ joderte la vida. Lo que si no hubo en las dos jamilias fue bobos, y eso es mucho decir, porque en todos los pueblos de aquellos entonces tener un bobo por jamilia era de esperarse, uno como se acostumbraba a esas cosas, y es que pueblo no era pueblo sin un grupo de bobos hazmerreír en la plaza del pueblo, allá se la pasaban todos atembaos dándole pretextos a los gotereros del pueblo pa’ beber a costillas de los ricos, porque eso si, nadie sabía mejor como braviar un bobo que un goterero.

A mi como me daba de brega eso, los bobos no me parecían chistosos, más bien me parecían chistosos los que creyendo que eran tan avispados, se veían tan bobos perdiendo el tiempo braviando un bobo. La plaza de mi pueblo era miedosa, se triscaban de todo el que pasaba, había abundancia de vagos, pero eso si, ningún vago de esos violaba las mujeres o robaba, eran vagos honraos. Pero y ¿Quién pasaba por la plaza sola sin que las carcajadas de los triscones no lo dejaran a uno sordo, no solo del cuerpo sino del alma?.

Sixta cacao era la chismosa del pueblo, siempre soperíando a todo el mundo, zalamera cuando hablaba con uno, pa’ enterrarle el cuchillo después la muy traicionera. Uno no podía ponerse con sismatiquerías porque le cojían inquina a uno y ahí si era pior, y ni hablemos de las fulleras del pueblo, esas pobres que se la pasaban cañando que tenían más de lo que en verda tenían y que cuando lo convidaban a uno a la casa no le ofrecían sino aguaedulce sin gotica e leche. La Sixta se la pasaba pistiando a las hermanas Jaramillo, las solteronas que andaban juntas pa’rriba y pa’bajo y que lo paraban a uno pa’ preguntarle el chisme del día y que en alguna parte de la conversación le decían a uno “que pereza los hombres ¿Qué tienen los hombres?” y uno sabía que lo que estaban diciendo en verda era “que dicha los hombres ¿Donde están los hombres?”. A mi me pegaron una cueriza el día que le respondí a las solteronas Jaramillo la pregunta que más hacían “pues que van a tener, pene y guevas, es que no sabías?” . Yo creo que la Sixta le cargaba tirria a las solteronas Jaramillo, es que ellas por lo menos mencionaban a los hombres, Sixta no se daba permisos tan grandes, ella lo único que sabía era ventosiarse en la iglesia, justo en la consagración de la misa, ahí fue cuando me echaron de la iglesia una vez, porque me reí a las carcajadas de los ruidos que sixta hacía con sus ventosidades y cuando le dije que se tapara ese culo que olía a mierda. Uno que cuando es chiquito es aventao y no piensa antes de hablar, y a mi me daba mucha lidia ser izque discreta, porque no quería ser una embustera, pero lo único que ganaba era la fama de buscapleitos. Yo de atembada no tenía un pito aunque todos pensaban que lo era porque no hablaba mucho y porque me la pasaba con mi cuadernito bajo el brazo escribiendo los apodos de los del pueblo. Me acuerdo de Miss impresión, esa fue la primera palabra en inglés que aprendí “Miss” Ah yo aspiraba a ganarme ese título, pero eso sólo era pa’ la bonita y escultural belleza del pueblo que nunca supe como se llamaba porque todos le decían Miss impresión, yo creía que era porque impresionaba, muchos años después supe que era porque siempre decía “Ay que impresión!” el profesor de lenguaje lo dijo en la clase, que era una muletilla y puso de ejemplo a Miss impresión.

Uno no podía decir la palabra grande, en esa época la palabra “puta” era pecao, después fue que la fueron legalizando y la metieron en el vocabulario, recuerdo que uno hacía mención a esa palabra diciendo “y me dijo la grande” y uno abría los ojos todo escandalizao porque sabíamos que eso era pecado mortal, ni siquiera venial, mortal! Menos mal que yo fui bisoña pa’ las groserías, pero eso no es bueno, porque cuando me hice mayorcita las decía todas a toda hora y hasta sin motivo, eso es lo malo de que lo cohibían a uno, a mi sólo me cohibían el lenguaje porque lo demás era como más libre.

La ropa tenía que ser decente, cuando mi ama veía a una mujer con vestido corto decía “eavemaría! Si no fuera por la vejiga se le verían los orines!” y por eso yo le tenía miedo a las minifaldas que susto que se me saliera la vejiga y que se me vieran los orines, seguro que eso debe ser más miedoso a que le vean a uno la arepa, pensaba yo.

Uno no podía dar papaya, porque se la montaban, como a Belarmina que se le creció la panza de un momento a otro, sólo la panza porque de resto era toda flaquita, y dijo que era hidropesía, pero cuando la panza se hizo más grande dijo que le habían hecho un maleficio, y que le habían metido un sapo en la barriga, cuando le sacaron el sapo no pudieron botarlo a la basura porque se parecía mucho a ella, y ella lo adoró tanto que no le importó que en adelante la apodaran “maleficio” y a su pequeño hijo “el sapo”.

Pero el personaje del pueblo y mi favorito era Jesusito el mensajero de la casa municipal, el que le avisaba a uno que lo habían llamado por teléfono, se sabía el pueblo de memoria porque era ciego, y llegaba a la casa de uno con más precisión que un vidente y uno salía corriendo a la telefonía pa’ responder el teléfono. Como se aburrirían los chicos de ahora con un solo teléfono para un pueblo completo. Pero Jesusito era un hombre viril, todo musculoso él, y seguramente que murió virgen porque con sólo escuchar la voz de una mujer sus pantalones se embombaban, me deslumbraba el poder de mis palabras que lo hacían sudar completico y como con cualquier bobada que le decía sus pantalones se mojaban, las amigas mías se burlaban de él y me llamaban a mi que era la dueña del lenguaje para que le diera regalos descriptivos a Jesusito, a él no le molestaba que se burlaran, más tarde comprendí que él era el único beneficiado.

Ahora con todos estos adelantos de la ciencia, no me imagino como será mi pueblo, con la Internet en el kiosco de la plaza, y los vagos ya no se burlaran de los bobos que pasan en vivo y en directo sino de lo bobos que son ellos que no saben como hacerle el download a un archivo, me los imagino leyendo los forwards que ya le dieron la vuelta al ciberespacio como un millón de veces desde los años noventas, cuando enviar un forward era la manera de decir te quiero a los amigos “ay me tuvo en cuenta! Soy su amigo! Grabó mi email en su libreta de direcciones, que emoción!”.

No me imagino a la Sixta de hoy la que heredó el postigo de la ventana por donde ella pistiaba a la gente, con la página de facebook abierta las 24 horas al día, enterándose de lo que escriben los que adoptan a facebook como un diario o un muro de lamentaciones “estoy saliendo pa’l entierro de don José” “la mona Julia quedó preñada de don Joaco” “le sacaron el sapo a Belarmina” Y tampoco me imagino a las solteronas Jaramillo buscando hombres en las páginas de adultos porque ya supieron que es lo que tienen los hombres y ya saben para que sirven y que no hay que tenerles pereza. Los pedos de Sixta en este momento no serían un problema porque en las iglesias ya hay mucho ruido y las velas son perfumadas. Y los curas ya no se pueden dar el lujo de sacarlo a uno de la iglesia por sismatiquerías , porque están haciendo campañas de educación sexual en línea, abriendo refugios para gays que salieron del closet y los echaron de la casa; y de esa manera reparar la institución que esta en decadencia. Es posible que para Jesusito fuera para quien no cambiaran mucho las cosas con el paso del tiempo, el poseía su poderosa imaginación que le ayuda más que mil computadoras con acceso a todas las páginas porno del ciberespacio.

Y en cuanto a mi madre que si la vi moverse en este mundo actual, ella pudo aceptar todos los cambios, pero una costumbre si no cambió, la de pensar que, si no fuera por la vejiga se le verían los orines a su nieta cuando salía con minifaldas. Yo no sé si me gusta más mi pueblo ahora que antes, me considero afortunada de estar encarnada en épocas donde me ha tocado ser testigo de tanto cambio tecnológico y que ha influido en los cambios culturales y evolutivos de la humanidad que compartimos este escenario planetario.

NOTA: Siéntanse libres de preguntar por los significados de las palabras que no entiendan, es puro lenguaje montañero de mi tierra natal. Este es un texto sin reglas, un texto libre donde plasmé la manera como solíamos hablar en mi pueblo, tratando de rescatar algunas palabras que son oriundas del departamento antioqueño en Colombia.

Comentarios

Natalia Lema ha dicho que…
Genial. De todo un poco y a la vez gracioso. Me imagino esas épocas y celebro los recuerdos que compartes. La realidad nuestra es otra pero seguro que hay otros cuentos que urgen ser escritos para que cuando pasen los años lo que vivimos ahora nos haga reir.
Anónimo ha dicho que…
Yo compartí desde el principio tus recuerdos de ayer y ciertamente me han llevado a mi niñez en otro de esos pueblos que ya no son pueblos pues la risa llegó y se me inundaron los ojos. Tus comentarios me llevaron a tiempos que no volverán.
Saludos, Germán

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