REFLEXIONES DE UNA AMA DE CASA

No fui educada para ser ama de casa, pero es la labor que mejor sé hacer, también la que más disfruto después de escribir. Cuidar de mi esposo y de mi familia es una de las prioridades de mi vida, no disfruto mucho comer afuera, por lo que en casa comemos comida casera, todo esto con la ayuda de Georgina, que tiene un método de cocción a la antigua que hace que los alimentos se cuezan en su propia salsa hasta quedar empapados de su propio y delicioso sabor, e impregnados de esa característica fragancia familiar. En mi casa no hay ambientadores porque predomina el olor a la comida, al igual que en las casas de las abuelas de antes, en donde sólo se colaban las fragancias de las flores del jardín. Sabemos lo que comeremos cada día porque al entrar a casa el aroma de los alimentos sale a nuestro encuentro antes que lo hagan los gatos, somos todos unos sibaritas del paladar que gozamos enormemente de juntarnos en la mesa para comer.

Los sábados tenemos un ritual, que no fue planeado, sino que se ha ido dando supongo que por la motivacion que tenemos de estar juntos, es por eso que viene la nueva familia de mi hija para almorzar con nosotros. Mi nieta ocupa la cabecera de la mesa con su silla alta y saborea los alimentos de tal manera que halaga mi ego y el de Georgina por supuesto. Estoy convencida que estos alimentos tanto como el hecho de reunirnos para comer están alimentando el alma de mi nieta tanto como el alma familiar. Durante una hora en casa no hay ningún aparato funcionando y la mesa se constituye en el eje central que nos reúne, donde todos convergemos con nuestras anécdotas y donde todo gira en torno al hecho de que somos familia. Pienso que en los tiempos que vivimos nos hace falta reunirnos más para comer, con la familia, con los amigos, con los conocidos; y porque no, con los desconocidos.

En la familia de mi esposo, Georgina se ha hecho famosa por los frijoles paisas (de la región de Antioquia en Colombia) que prepara, y a mi esposo lo deslumbra su sazón con la comida criolla, a mi personalmente me gusta el ajiaco que prepara.
Mi nieta Samantha flaquea ante un plato de habichuelas

Y ya se que algunos estarán pensando que cocinar con ayuda es muy fácil, y es cierto que lo es, como también estarán pensando que debemos ser ricos si podemos pagar a Georgina para cocinar, pero nada más alejado de la realidad, no somos ricos financieramente hablando, pero si creativamente hablando, contamos con la maravillosa presencia de una olla de cocción lenta (slow cooker) a quien he llamado cariñosamente Georgina porque ya forma parte de la familia y es quien cocina mientras estoy fuera, porque no necesita mucho de mi ayuda para que los alimentos le queden con un gusto exquisito, y porque me permite fantasear con que hay un maravilloso complot cósmico alrededor de ese trabajo de equipo que hacemos Georgina y yo para mantener a mi familia reunida alrededor de la comida, una tradición que no quiero perder.

Por eso cada que alguien me dice que no hay tiempo para cocinar, sé que sólo es una excusa porque no disfruta hacerlo, lo cual me permite saber que no debo perder el tiempo seduciéndole para que lo haga. Comer saludable es posible mientras tengamos la complicidad de una Georgina en casa; y cinco minutos que es todo el tiempo que tarda uno en preparar una generosa ensalada rica en vegetales y toda suerte de hierbas.

Estoy convencida que tener o no tener tiempo para cocinar tiene más que ver con el nivel de compromiso que tengamos con nuestra salud y con nuestras tradiciones, que una realidad como tal. A veces somos tan creativos buscando excusas, como cuando culpamos a las millas por la distancia que realmente hay entre nuestros corazones.

Georgina

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