LA EDAD DE LULÚ

Si mal no recuerdo el lunes pasado debí haber cumplido aproximadamente 52 años, y como buena mujer me estoy quitando la edad, porque dicen que uno tiene los años que le faltan por vivir, y eso es lo que calculo que me falta, claro que con algunas condiciones, aunque sé que a la vida y a la muerte no se le pueden poner condiciones porque ambas son expertas en alzarse de hombros y terminar haciendo lo que les da la gana, en eso somos muy parecidas, a mi también me gusta levantar mis hombres y hacer lo que me da la gana.

Este cumpleaños me agarra con reflexiones existenciales, con aproximaciones demasiado íntimas con la vejez, la enfermedad y la muerte, los tres temas de los que a muchos no les gusta hablar, sobre todo a los practicantes del positivismo. No debemos invocar nada que no queremos que nos pase, aunque en el fondo sabemos que los tres nos van a pasar, a veces pienso que en esas conductas positivistas hay negación, no pretendo ser una detractora de lo que yo misma practico y en lo que creo, pero pienso que no podemos ser extremistas ni radicales en ninguna posición, ni siquiera en las que son saludables, después de todo la rigidez es la más sublime expresión de muerte.

A mi la vejez me coquetea desde cada esquina de mi cuerpo y de mi cotidianidad, los cambios se hacen visibles sino en el cuerpo, uno nota cierto cambio en la mentalidad y en la manera de ver el mundo y he pensado en como luciría físicamente cuando la vejez ya no sea una coqueta que entra y sale de mis días sino esa dama que se sentó en mi cuerpo y no lo piensa abandonar.

Pienso que la vejez es la manera como el cuerpo nos dice que el alma le está quedando grande al cuerpo, que hemos crecido y evolucionado y que este cuerpo que tanto nos ha servido durante tantos años esta perdiendo vigencia y por eso necesita el pretexto de la enfermedad para abandonarlo. Con la ropa sucede algo parecido algunas veces es la ropa la que le queda pequeña al cuerpo porque hemos engordado, otras veces le queda grande porque hemos adelgazado, otras veces se desgasta por exceso de uso, otras veces porque ya ha soportado muchas lavadas y es hora de darle la despedida. Siempre me pregunto ¿Cual de todas estas aplica para mi cuerpo? ¿Le habré dado mucho uso? ¿En que aspectos de mi vida habré adelgazado y en cuales habré engordado? ¿Habré soportado muchas lavadas?.

Los seres humanos somos muy hábiles para pre ocuparnos, es decir para ocupar nuestra mente pensando y estresándonos por lo que suponemos que nos va a pasar, pero somos muy poco diestros ocupándonos, es decir haciendo algo respecto a lo que ya nos está pasando. De esto me di cuenta en estos días en que mi salud sufrió un quebranto bastante fuerte, me di cuenta que lo que estaba incrementando mi malestar era mi habilidad para pensar en la lista de cosas que me podrían pasar a causa de mi malestar y como cuando decidí usar esa habilidad para pensar en la lista de cosas que podía hacer en el aquí y ahora para hacer mis días mejores y más placenteros, mi malestar fue desapareciendo y mi cuerpo ha ido respondiendo mejor a los tratamientos.

Quiero compartir esta lista de actividades del aquí y el ahora para sumergirse en un proceso de sanación mental y espiritual al mismo tiempo que ponemos nuestro cuerpo físico en manos de profesionales que hacen su trabajo lo mejor que pueden. Quiero compartirlo sobre todo por una persona a quien amo mucho y que está pasando en este momento por un reto de salud difícil y complejo, es mi manera de acompañarle en este proceso y en este viaje que hoy decidí emprender a su lado.

Orar

Meditar

Cantar mantrams

Observar mis pensamientos

Hacer una lista de los aspectos de mi salud de los que aún gozo y agradecerles

Hacer una lista de los órganos de mi cuerpo que están colaborando con mi bienestar y agradecerles

Escribirle cartas a mi cuerpo

Escribirle cartas a la zona de mi cuerpo afectada

Escribir listas de agradecimientos diarios

Bendecir los alimentos

Hacer una lista de las cosas que más disfruto y dedicarme a hacerlas

Comer los alimentos que más disfruto con moderación y sin pensar en calorías

Hacer yoga (si el malestar lo permite)

Caminar mientras hago afirmaciones

Memorizar afirmaciones positivas sobre mi salud y usarlas para reemplazar los pensamientos negativos

Perdonar

Mirar con ojos nuevos a quienes nos han lastimado

Dejarse ver con ojos nuevos de quienes no nos han perdonado

Escribir cartas y tarjetas de agradecimiento a mano

Escuchar la música que más nos gusta

Llevar un diario

Aprender una actividad nueva

Hacer nuevos amigos

Mirar un atardecer y un amanecer

Escuchar atentamente a alguien mirándolo a los ojos y después con los ojos cerrados.

Conclusión: cuando somos capaces de centrarnos en lo que tenemos, le estamos dando un SI rotundo a la vida, nos llenamos de agradecimiento y se nos facilita enfocar aquello de lo que carecemos como una oportunidad para crecer y hacernos mejores seres humanos. Como siempre lo digo, nunca es una guerra ganada, es una batalla diariamente librada.

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