LLANTO A MI MISMA

Cuando mi amigo el trabalenguero me propuso participar en el festival latinoamericano del monólogo, lo escuché más por cortesía y porque estaba viajando en su auto que porque me resultara en ese momento algo en lo que me pudiera aventurar. En la medida en que dejé a Joaquín hablar me fue seduciendo la idea, y el aspecto con que más me sedujo fue cuando expuso la materia prima humana de la gente de Havana fama, el teatro que organiza el evento cada año.

Después de escuchar a Joaquín hablar del tema por mucho tiempo, me bajé de su auto determinada a participar, sobre todo porque me di cuenta que mis argumentos en contra, eran ideas prejuiciosas que alguna vez le había comprado al sistema de creencias de mi entorno, cuyo eje giraba en torno a una imagen bastante pobre de la mujer y sobre todo de las que no somos socialmente bellas. Me di cuenta que nunca me había imaginado a mi en un escenario representando un monólogo, porque había pactado con la idea de que las actrices tienen que ser mujeres muy bellas, pero ese concepto se había quedado en mi país, donde la reverencia por la belleza es una suerte de religión fememina.

Esa misma semana cuando estaba practicamente decidida a que participaría, pero que no obstante no había hecho nada para hacerlo, asistí a una clase en el gimnasio de una mujer que no corresponde al ideal de la profesora de gimnasio, no al menos de acuerdo con el concepto colombiano de una profesora de gimnasio, no entraré en detalles acerca de su apariencia física porque no es relevante y porque estaría pactando con la discriminación de la que no quiero hacer parte. Sólo puedo decir que ella no trabajaría en Colombia en un gimnasio ni porque tuviera referencias laborales del mismísimo Obama. Esta mujer es uno de mis modelos de inspiración, porque me obliga a trabajar mi cuerpo, mi mente y mi espíritu al mismo tiempo, y por eso la adoro, y ella me conecta con uno de los aspectos por los que adoro este país.

Ese día salí inspirada a escribir mi propio monólogo. Con las ideas claras, lo escribí y posteriormente lo desarrollé con la ayuda de quien es mi director, Valentin Alvarez, ya estoy montada en este tren, ya no hay vuelta atrás.

Llanto a mi misma, que es como se llama mi monólogo, es el llanto de toda mujer cuando reconoce el abismo que existe entre la mujer que mira en el espejo y la que la sociedad espera de ella, en el monólogo desarrollo la conquista de nosotras mismas y nuestra autoaceptación, en un grito cargado de un drama irónico que deja al desnudo la inutilidad de algunos sistemas de creencias sociales con los que pactamos porque si, porque lo escuchamos antes, porque los hemos escuchado tantas veces de figuras de autoridad que damos por hecho que también debemos creer en ello, de esa manera configuramos un sistema de creencias acerca de la belleza que nos aleja cada día más de nosotras mismas, pensando que con ello nos acercamos a los demás.

Llanto a mi misma tiene la magia de convertirse en un canto, en un himno a la autoestima y al amor propio, mientras rescatamos nuestra individualidad y le ponemos nuestro propio sello a nuestra personalidad. A pesar de que aparentemente es un monólogo feminista, los hombres lo adorarán porque en él demuestro que somos nosotras, y no ellos, las que nos imponemos requisitos de belleza para ir a la cama con ellos. Llanto a mi misma le dará muchas respuestas a muchos interrogantes de la gente que me conoce y que ha estado cerca de mi vida, en llanto a mi misma desnudo un poco mi vida y porque no decirlo también mi cuerpo.

Considero este el mejor regalo de cumpleaños que me estoy haciendo a mi misma en complicidad con el universo, ya que la obra estará en escena dos días antes de mi cumpleaños. Espero que quienes me lean y viven en Miami Dade, Broward y West Palm Beach, puedan asistir no sólo a la obra, sino al festival que inicia el 11 de febrero y que tiene un grupo generoso de participantes quienes están exponiendo trabajos muy profesionales.

Reservaciones en Havana fama telefono 786-3191716.

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