ESCRITO CON EL CUERPO.

Nuestra relación no empezó bien, aunque él era todo para mí, no llenaba las expectativas de mi familia, ni de mi entorno social, ellos pensaban que no respondía a los cánones de belleza socialmente establecidos, y pensaban que era un bueno para nada, que no me conduciría a ninguna parte. Mientras tanto yo sólo sabía amarlo y darle lo mejor de mí. Pronto me di cuenta que para mi familia éramos los pobrecitos a quienes unos querían sobreproteger y otros simplemente nos hacían objeto de sus burlas.

Tengo que reconocer que hubo una etapa de mi vida en la que esa presión me alcanzó, y empecé a sentir rechazo por él, me debatía entre el amor inmenso que me unía a él  y  el rechazo que empezaba a aprender a sentir por él. Fueron épocas muy difíciles, porque no entendía porque lo rechazaban por no ser bonito, y porque la gente pensaba que era un bueno para nada si trabajaba incansablemente, tampoco me parecía humano que nos trataran de esa forma, que lo juzgaran sólo por su apariencia física y por los prejuicios que la gente tenía acerca de su productividad.

Entonces decidí ser una disidente social y porque no decirlo familiar, no tenía motivos para pensar igual que ellos, porque seguía amándole, y su apariencia exterior no me preocupaba. En contra de lo que todos dijeran, decidí que sería el más hermoso de todos los que mis ojos hubieran visto,  con el tiempo, si bien eso no fue materialmente hablando así, de alguna manera que los dos lo creyéramos conseguíamos que los demás también lo creyeran, además nos hicimos más fuertes y por ende más productivos.

En éste momento toda aquella pesadilla de prejuicios y rechazo social por su apariencia física es una historia que podemos contarle a los que experimentan la misma y triste historia de tener un cuerpo diferente. Cuanto hemos crecido juntos mi cuerpo y yo y cuanto nos hemos ejercitado en tolerancia con aquellos que aún después de los años creen que no podemos ser productivos porque tenemos una apariencia diferente.

Hace 20 años los médicos me condenaron a un proceso de madurez muy desalentador, una obesidad inevitable por una condición especial de la que tenían un nombre que yo decidí no memorizar. Tampoco quise memorizar todo lo que dijeron que pasaría conmigo después de los 35 años de edad, como tener que moverme en una silla de ruedas y soportar dolores que aún no se presentan.

Decidí creer  la versión que me convenía, empaparme de mi condición real, sin el condicionamiento médico, entendí que los médicos me veían como un conjunto de huesos y músculos que habían venido con defecto de fábrica, no porque fueran malos médicos o porque me quisieran hacer un mal, sino porque eso fue lo que aprendieron y con ello sólo me mostraban lo bien que lo habían hecho.



Durante estos 20 años, no he necesitado ni una sola vez tomar las medicinas que me dijeron que debía tomar para evitar lo que se avecinaba, y lo que se avecinaba aún no lo diviso en mi futuro cercano, pese a que ya han pasado 14 años desde mi supuesta decadencia física. Tengo un concepto distinto de mi cuerpo y del rol que ha venido a desarrollar en éste planeta, me he atrevido a cuestionar las verdades impostergables de la medicina alopática, y sé que eso es más difícil que tomarse todas las medicinas que tomamos en nombre del miedo.

En todo este mi proceso, he aprendido a temer menos, y en ese camino he averiguado el parentesco y la intimidad tan grande que tiene el miedo con el desamor. Por eso estoy convencida que el peor enemigo de nuestra salud es el temor, cuando mi salud se pone a prueba en otros aspectos que nunca tienen que  ver con aquella condición de malos pronósticos médicos, sé que es porque me he dejado seducir por el temor, entonces sé que todo lo que tengo que hacer es conquistar mis temores, y reconquistar de nuevo mi primer amor, el amor por mi misma.


Comentarios

Patricia Maradei ha dicho que…
Diferente? Yo te veo igualita a mi!. jajaj!.
Eres una gran valiente!. Abrazos,
Francisco López ha dicho que…
Eres una mujer valiente y hermosa. Un abrazo gigante para tí. Gracias por ese bello testimonio de vida.
Alejandro Hernández ha dicho que…
El que Quiera ser amado, que amé primero... el amor a si mism@ vale.

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