LA RUTA DEL ALMA.

En el año 2008 mi madre sufrió un accidente que la llevó al umbral de la muerte, su valor y su fortaleza resultan en este momento absolutamente inspiradoras, juntas luchamos por que su misión en este plano se siguiera cumpliendo, entregadas a lo que fuera que esa misión nos tenía deparado, juntas hablamos de la muerte, ya no como ese ser temible que nadie quiere que lo visite, sino como el desenlace final cuando ya se ha hecho todo aquí y el alma necesita buscar otra experiencia en su cadena evolutiva. Pero nos encontramos con que esa experiencia sólo era un reto más del cual las dos teníamos mucho que aprender, y que estaba al servicio nuestro para hacernos más fuertes. Creo que en aquella oportunidad secretamente pensamos que ella era una especie de ser inmortal, pues habían sido muchas las veces en que le habíamos visto el rostro a la muerte de frente y no obstante esta daba la vuelta y se marchaba con otra alma que no era la de mi madre, y quizá por eso cuando se marchó de este mundo finalmente nos tomó por sorpresa y no tuvimos la oportunidad de rendirnos y entregarnos a la muerte con la pasividad que al menos yo hubiera querido.

En aquella oportunidad conocimos a una mujer de su edad que nos enseñó otro rostro de la generosidad y del amor por la gente que desconocemos, de cómo podemos entregar nuestro amor a las personas que se nos presentan, en vez de estarlo guardando y menguando para quienes pensamos que se lo merecen; porque llevan nuestra misma sangre o porque nos han dado algo y a cambio debemos pagarles con algo de lo mismo. Esta mujer no sólo nos entregó su amistad incondicional, sino que nos entregó todo un equipo de hospitalización en casa, sin ningún costo y sin documentos de por medio, que era lo que mi madre necesitaba para su recuperación. La presencia de esta mujer en la vida de mi madre le brindó la oportunidad de creer en la amistad, algo a lo que mi madre siempre se resistió, y sobre todo le enseñó que guardar reservas con los extraños, puede que nos proteja del dolor, pero también puede que nos brinde grandes satisfacciones, porque nunca sabemos cuando en ese extraño esté la mano de Dios guiándonos hacia una solución.



Durante la etapa de recuperación de aquel episodio de salud de mi madre, mi vida sufrió cambios dramáticos, mis mejores filosofías de vida y mi sistema de creencias fueron removidos de sus bases y enfocados bajo una nueva luz. Muchas veces se me hizo difícil creer en lo que siempre había creído. Cosas como el amor, la amistad, la familia, el concepto de unidad cósmica, el perdón, la tolerancia y la comprensión fueron por mucho tiempo temas que se quedaron en el tintero porque llegué a pensar que todo lo que creía con tanto ahínco sobre esos temas había desaparecido ante mis ojos, me consumí a mi misma entre tanta confusión, perdí temporalmente mi ruta y lo más importante la marca de mi alma. Finalmente como el ave fénix renací de mis propias cenizas y con esto constaté que no hay un sitio, una ocupación, un estado civil o un momento en especial para cumplir con la misión que traemos, que cada situación nos premia con la poderosa oportunidad de poner en acción nuestra misión. Eso que yo llamo la marca de mi alma, es aquella misión que no cumples sólo en un lugar determinado, sino que la marca misma es  la capacidad de poder detectar en cada segundo, cada minuto, cada persona, cada cosa que tocamos y que se deja tocar de nosotros, nuestra misión en acción, pidiéndonos  reunirnos con el ser que realmente somos.

Cada minuto estamos frente a situaciones que nos exigen reverencia por el mundo en el que estamos, por las personas que nos rodean, independientemente de que sean nuestros amigos o no, la invitación constante es que dejemos la marca de nuestra alma en cada paso que demos, como si fuera un sello de cera con el que marcamos nuestra ruta de “retorno a casa”.

En uno de estos dos días celebraríamos el cumpleaños de mi madre, nunca supimos cual era realmente su día y su edad porque fueron detalles que ella guardó herméticamente. Y estaba pensando que aquellos tiempos en que la noche oscura de mi alma estaba mas oscura que nunca, son los que me ayudan a valorar la luz que soy capaz de sostener cuando no hay luna ni estrellas para mi. Feliz Cumpleaños madre donde sea que te encuentres.




Mi madre en el año 2007

Comentarios

Alejandro Hernández ha dicho que…
Sublime Lumediana, quedé conmovido por esa capacidad de decir que quizá para resucitar haya primero que morir, mi literatura esta en pañales y con este texto tuyo lloró como un bebé porque aún me falta pasar por eso y más, gracias a personas como tú también tendré la opción de seguir adelante.
Anónimo ha dicho que…
Feliz cumpleaños mamá de Luz Dary

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