CAPERUCITA ROJA Y LA LOBA FEROZ

Caperucita roja era una joven mujer que había aprendido a ser una “niña buena” desde muy pequeña, le decían así porque siempre le gustó el color rojo desde que nació, por lo que usaba una capa con gorro roja todo el tiempo y unas preciosas zapatillas del mismo color. Le gustaba ir a caminar por el bosque con el pretexto de visitar la casa de su abuelita aunque esta había muerto cuando ella era apenas una niña en una misteriosa situación que nunca se esclareció y que oscilaba entre un cazador y un lobo.

La madre de Caperucita admiraba el buen corazón de su hija que seguía cuidando de la casa de la abuelita a pesar del paso del tiempo, lo que ella ignoraba era que en ese bosque caperucita roja se retiraba su capa roja y dejaba al descubierto un vestido rojo sujetado al cuerpo con un prolongado escote y se cambiaba sus preciosas zapatillas rojas por unos tacones rojos, después se maquillaba la boca de rojo y vestía unos guantes tres cuartos de color rojo también que enloquecían a Fabio a quien ella llamaba su lobito.

Caperucita no tenía opción había sido condicionada a ser una niña buena de por vida, era lo menos que se podía esperar de ella, pero ella que era medio sabia y medio bruja, sabía que tenía guardadas a otras mujeres debajo de aquella capa y que reunirse con ellas era la manera como podía alimentar a su alma salvaje, por eso de alguna manera ella también se convertía en una loba cuando se entregaba desaforadamente a los placeres de la carne en los brazos de Fabio; y en una bandida cuando mentía y robaba la confianza de su madre para poder ser un poco ella misma.

Caperucita nunca fue descubierta porque no tenía a ninguna mejor amiga o mejor amigo para contarle sus secretos, solo tenía un diario donde lo escribía todo, por eso yo pude acceder a esta historia y contárselas, lo que si pasó es que caperucita se rehusó a seguir siendo una niña buena, por eso con el tiempo sacó a su loba del closet y la dejo caminar por el pueblo, pero descubrió que conforme la gente la aceptaba como ella era, ella seguía descubriendo nuevas mujeres en el bosque, en la casa de su abuela, en el cuerpo de sus amantes y en algunos closets que había olvidado abrir. En adelante caperucita roja tuvo mucho trabajo reuniéndose con tantas mujeres que eran ella, y que no obstante no podía decir que sólo era una de ellas.

Este cuento me lo inspiró una mujer que solía estar entre mis contactos de facebook, cuyo discurso principal giraba alrededor de la posición de la mujer en la sociedad y en la discriminación de la que supuestamente seguimos siendo víctimas las mujeres. Ella jamás opinó en nada de mis asuntos hasta el día que se pronunció diciendo que mi frase donde decía “hagámonos pacito que a todos nos duele que nos hagamos duro” no le gustaba porque le parecía un lenguaje de “bandidos” a lo cual le respondí que era posible que yo fuera una bandida y que ella me había ayudado a descubrirlo, que como estoy abierta a descubrirlo todo acerca de mí, le agradecía su ayuda. Mi respuesta la motivó a borrarme de su lista de contactos en facebook, como quien dice rompió el espejo. Me llamó la atención que sus actos no fueran consecuentes con su discurso feminista. Una feminista silenciando a una mujer por lucir bandida.

Me quedé pensando en esa pobre mujer y en quien sabe cuantas presiones, cargas y sinsabores cargará a cuestas, y en como mi frase le había permitido reunirse con esa loba que todas llevamos dentro, y aclaro el término de loba en el mejor sentido de la palabra, ya que alimentamos a esa loba de diferentes maneras aunque la sociedad tenga un significado peyorativo para ese término. Somos lobas cuando nos atrevemos a elegir un amante y no a ser elegidas por él, o a vestirnos como se visten las mujeres de baja conducta, elegimos ser lobas cuando sacamos nuestras garras emocionales y agredimos a otros aunque no tengamos claro el porque agredimos, a veces ni siquiera es necesario tenerlo claro, a veces simplemente tenemos tanto guardado en ese sótano llamado inconsciencia que necesitamos sacar las garras y mostrar los dientes. Y es quizá por eso mismo, y por que seguramente ella no se permite reunirse con esa loba, que ella creyó que me agredía tratándome de bandida, aunque en su manera de hablar ella misma estaba desnudando a su loba y a su bandida interna.

Yo creo que la caperucita de este cuento caminaba hasta el bosque para reunirse con su loba interior no tanto por esconderse sino porque a veces necesitamos un largo camino para tomar valor y sacar a esas mujeres que también somos y que de alguna manera hemos sido obligadas a guardar en algún lugar, mientras más lejos mejor, de alguna manera nos aseguramos incluso de guardarlas debajo de conceptos muy bien fundamentados, con ello nos aseguramos de no reunirnos con esas mujeres para poder seguir proyectando la imagen confortable que nos otorga el regalo de la aprobación de los demás.

Pero por mucho que guardemos a esas mujeres que también somos, ellas siempre saldrán a relucir en la más minina conducta nuestra, delatando que tan bien guardadas están, que tan poco las conocemos o que tan ignoradas las tenemos.

Personalmente pienso que entre más nos conectemos con esas mujeres más vitales nos volvemos, hay múltiples maneras de sacar a esas mujeres, las fiestas de disfraces por ejemplo nos otorgan esa oportunidad, las reuniones de sólo mujeres, o simplemente estar a  solas y convertir esos espacios en ritos de pasajes donde la soledad ya no es una enemiga sino esa cómplice que nos permite conquistar esos personajes que nos guiñan el ojo en la otra esquina de nuestra conciencia.

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