EL ABECEDARIO SEXUAL.

A que fémina no le ha pasado que el día que está menos arreglada y con el vestidito aquel ingrato que nos ponemos porque estábamos de afán y que no sabemos porque sigue en nuestro ropero, le aparece un apuesto hombre coqueteándole y diciéndole que es la más guapa del supermercado, y uno se vira y busca detrás de uno a quien le están diciendo semejante cumplido para comprobar con marcada incredulidad que es a uno.

A mí me ha pasado muchas veces, pero lo que jamás me imaginé es que me pasara con un jovencito que podría ser mi hijo cuando estuviera montada en mis cincuenta. Eso fue saliendo del gimnasio, con la ropa sudada, el pelo erizado, el sudor rodando por mis sienes, el rostro enrojecido de hacer ejercicio y sin una sola gota de maquillaje, el chico me hizo la encerrona fingiendo que necesitaba ayuda con un producto en la tienda donde yo había entrado de prisa a comprar algo que olvidé cuando él me distrajo con tanta preguntadera; y que nunca pude recordar. Después de unos cinco minutos de interacción comprendí que el chico no necesitaba ninguna ayuda sino que buscaba por todos los medios una cita conmigo. Lo miré con sorpresa y  se lo pregunté directo como suelo hacerlo, me dijo que sí. Lo examiné cuidadosamente y el chico no tenía una sola porción de su cuerpo indeseable, era guapo el condenado, me dije a mi misma “porque a mi nunca se me había atravesado un hombre así treinta años atrás cuando un espécimen de estos me habría hecho correr a sus brazos en cuestión de minutos”. Le expliqué que yo era tan mayor que tenía una hija que podría tener su edad, que  además ya era abuela y que habían muchas jovencitas allá afuera deseosas de salir con un guapetón como él, sonrió coquetamente y me dijo que la que le gustaba era yo, y yo seguía mirando mi cuerpo transpirado, mi cabello canoso y parado y todo lo que la estética dicta que es indeseable para un hombre, entonces le expliqué que las cosas no eran como parecían, que debajo de esa ropa había una piel ya no tan lozana como él se imaginaba, que la edad era implacable y que cuando me tuviera desnuda en su cama…”me sentiré el hombre más afortunado de la tierra” interrumpió para terminar la frase por mí.

Pensé que se trataba de un joven solitario, desesperado por compañía sexual de última hora y que me había visto como Presa fácil, y eso si despertó mucha compasión en mí, lo que me hizo sentir impotente para marcharme de allí y olvidarme de su hambre sexual, digamos que se despertó mi redentora que quería arreglarle la vida sexual a este pobre hombre, así que le dije que tenía una mejor idea, que podía invitarlo a un evento que tendría ese fin de semana donde le podía presentar chicas de su edad para…”aburrirme” me interrumpió de nuevo.



Como vi la causa perdida decidí marcharme y dejarlo con su problema solo, pero él me siguió mientras recitaba los argumentos por los que yo le atraía  y yo luchaba con mi memoria por recordar lo que había entrado a comprar, sin éxito alguno, llena de frustración le interrumpí su letanía de motivaciones, y le dije que yo era tan mayor que hasta la memoria me fallaba, que había olvidado lo que estaba comprando, a lo cual respondió que eso solo significaba que él me ponía nerviosa, y que en todo caso una mujer sin memoria le resultaba más deseable todavía porque de esa manera me podría olvidar de él rápidamente cuando perdiera el interés por mí. Entonces saqué mi última arma, le dije que estaba casada, aún sabiendo que eso no era una arma sino un jarabe que le despertaría más apetito sexual, no obstante y para dar por terminado el encuentro le di mi número de teléfono que al fin y al cabo casi no uso; y le dije que si conseguía seducirme al punto de llevarme a la cama, entonces no opondría resistencia.

Han pasado más de tres meses desde aquel día, y él está en mi lista de amigos de Facebook, no leerá jamás este artículo porque no disfruta la lectura, a menudo me envía mensajes de texto que yo leo aproximadamente dos días después porque quienes me conocen saben lo poco o nada que tengo el teléfono conmigo, cuando leo los mensajes el escribe “t kiero vr” y me doy cuenta que esa lacónica frase que seguramente conduciría hasta sus brazos a cualquier jovencita de veinte años, a mí me produce una sensación desagradable porque no soporto una frase mal escrita, porque el lenguaje para mi es mucho más que sagrado, es un afrodisíaco. Quizá he envejecido o quizá me abre el apetito sexual otro tipo de jarabes, y es que por más que las mujeres mayores sintamos que se nos remueven las entrañas cuando vemos un camajan bien amoblado, la brecha generacional hace muchos estragos, en mi caso personal no tiene nada que ver con el que dirán, ni con las arrugas, tampoco con el deterioro propio del cuerpo, sino con el hecho de que las mujeres (esto lo he repetido y lo repetiré hasta el cansancio) necesitamos ser emocionalmente estimuladas y necesitamos otro tipo de estímulos, en mi caso ser mental e intelectualmente estimulada es crucial. De que podría yo hablar con  un chico que se come la “e” en un texto, cuando eso lo único que me dice es que de la misma manera debe gozar de una practicidad asombrosa en la cama saltándose gran parte del abecedario durante el preludio sexual. Si él piensa que lo más emocionante que me puede decir es que me “kiere vr” estoy pensando que no es que él se aburriría con una jovencita, sino que la jovencita se aburriría con él, pero una mujer joven lo podría comprometer, mientras que una mujer madura es lo más parecido a seguir viviendo y comiendo en casa de mami con el beneficio sexual incluido. Ya no estoy tan segura de que el atractivo que muchas mujeres maduras ejercemos en hombres jóvenes obedezca exclusivamente a algo hormonal, tengo la sensación que también es un interés muy conveniente, y a pesar de que nunca tuve hijos varones puedo decir que no tengo esa carencia como para llenarla ahora cuidando de un joven a cambio de placer, la vida me acaba de regalar un nieto varón al que puedo cuidar mientras aparece un hombre que sepa cuidar de él mismo y lo más importante que conozca y domine a la perfección  todo el abecedario sexual.



Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Que cierto es lo que escribes. Tengo tantas amigas atrapadas por hombres que no saben lo que deben hacer en los momentos sexys. Que desilusion!
Gracias a dios yo he contado con suerte toda mi vida, y mas ahora porque mi piloto me recita todad las letras del abecedario! Uuyyy me pase de confesion!
Alejandro Hernández ha dicho que…
La vida es una enfermedad de transmisión sexual, hay que vacunarse, bueno tampoco hay que decir con orgullo "de esta agua no beberé" el amor hoy es más libre pero sin embargo tanto como el dolor es algo inexplícable. Muchos saludos Lumediana
Carlos Dario Madrigal ha dicho que…
Muchas veces vi como te coqueteaban los "sardinos" que inevitablemente veian en tu figura una hermosa jovencita pues mantienes un cuerpo joven gracias a tu constancia con el ejercicio. Pero lo más interesante es que en este post educas tanto a jovenes como a maduros sobre la sicologia sexual...además que lo haces de una forma amena...gracias por tu post.
Pececito
Anónimo ha dicho que…
(Ahora si firmo)
Que cierto es lo que escribes. Tengo tantas amigas atrapadas por hombres que no saben lo que deben hacer en los momentos sexys. Que desilusion! Gracias a dios yo he contado con suerte toda mi vida, y mas ahora porque mi piloto me recita todad las letras del abecedario! Uuyyy me pase de confesion!

Vilma
Anónimo ha dicho que…
hola, que buen articulo, interesante y muy facil de leer, esto ye Colombia, y una amiga me envia el link, desde la Florida EU.

espero seguir leyendo tus bolg, en proximas oportunidades....

julio lozano
Palmira, Colombia

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