LA MEMORIA DEL CORAZÓN

 El tiempo es ese alquimista que lo transforma todo, y nos brinda nuevas perspectivas de como tenemos guardadas las experiencias en nuestra memoria. A eso le llamo niveles de comprensión, que no es otra cosa que ver un evento doloroso del pasado con otros ojos y darnos cuenta que ese dolor era producido por nuestro ego, que no nos permitió en su momento capitalizar la experiencia.

Eso me sucedió cuando un hombre del que estuve perdidamente enamorada y con quien tuve una intensa relación, me llamó para que le ayudara a reconstruir sus recuerdos, ya que durante un largo proceso de salud había perdido la memoria. Mediante algunos sueños donde mi figura y mi nombre eran recurrentes pudo hacer una línea de investigación hasta conseguir información que lo llevó a pensar que yo podía saber asuntos de su vida que él no recordaba. El nombre "poeta" que era el término cariñoso con el que me llamaba fue clave para localizarme. Le colaboré respondiendo a sus preguntas con lo que me sentí como llevando a un niño de la mano por un laberinto para que él pudiera encontrar la salida.

Cuando me preguntó si habíamos sido amantes o novios, se abrió ante mí la oportunidad de re escribir nuestra historia desde la amorosa perspectiva que me ofrecía el paso del tiempo. Habíamos tenido una relación demasiado pasional que tuvo que llegar a su fin a nuestro pesar, y aunque fue muy doloroso para mí terminar la relación decidí editar esa parte de nuestra historia por demás innecesaria, y resumirlo todo a una sola frase "nos servimos el uno del otro para suplir las necesidades que en su momento ambos teníamos" y añadí que nuestra relación había tenido el sentido sublime que el amor romántico le imprime a todo encuentro, y que por eso había sido una experiencia muy bonita. 

Comprendí que si bien la amnesia había dejado intactas las limitaciones que en su momento nos habían ocasionado tantos problemas, recordé que cuando estábamos juntos yo pensaba que algunas de esas limitaciones tenían que ver conmigo y que se debían a que yo no era suficiente para él. Pero ver las cosas desde la perspectiva del paso del tiempo me permitió comprender que esas limitaciones forman parte de su equipaje evolutivo y que están ahí para que él trabaje en ellas no para que yo, o la mujer que lo ame, nos responsabilicemos por ellas, y eso fue sanador y liberador.

Fue muy lindo ese encuentro con nuestras memorias porque a pesar de que nuestro final fue doloroso, la vida me estaba dando la oportunidad de darle otro cierre a la relación, aprovechando que yo había capitalizado lo mejor de ella y que tenía un buen nivel de agradecimiento por lo que no fue. Porque muchas veces lo que no fue con alguien es la verdadera ganancia de un encuentro. Desde este punto de vista, toma para mí sentido aquella frase de que todos los encuentros son sagrados.

Me sentí liberada al comprender que nuestro encuentro había tenido como propósito sanar las heridas que él había tocado y de las que me tenía que responsabilizar, solo por eso valió la pena lo vivido. Yo habia quedado con el sinsabor de no haber sido elegida por él para acompañarlo toda la vida, porque pensé que no le habia dado la talla. Pero durante esa conversación me quedó clara la razón de su estancia en mi vida y del porqué fue algo transitorio.

Cuando lancé la campaña de recolección de fondos para mi recuperación del cáncer, él fue uno de los donantes más generosos que tuve, cuando le di las gracias por su donación, él respondió:

"La memoria del corazón es como un fuego inextinguible mi querida poeta.

Siempre he tenido presente todo el amor y el cuidado que me diste" 

Entonces supe que había terminado de recuperar su memoria y que la que no ha recuperado habita en su corazón.




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