LA REINA DE CHINAVITA
Mas conocida como la Reina de Chinavita, Eunice fue la primera amiga que tuve en este país, a pesar de ser una mujer Tauro con la rigidez propia de los nacidos bajo ese signo, conquisté su reacio corazón desde el primer momento.
Casi 25 años de amistad son la prueba de esa conquista. Ella me ha acompañado por cada ciclo de mi estancia en este país.
Durante la época de vacas flacas ella parecía sincronizada con mis necesidades porque solía hacer aparición en el momento justo con su ayuda incondicional.
En este país el poder adquisitivo es mayor que en nuestros países, pero ese poder es directamente proporcional con la facilidad que uno puede perder de la noche a la mañana los privilegios de los que gozamos. Nunca olvido las veces que al quedarme sin empleo ella llegaba a casa "sincronicamente" (no puedo estar segura que esa sincronía no haya sido premeditada) a pedirme que le hiciera la manicura y la pedicura y pagarme por ello, además de generarme una forma de ganarme un dinero solía llegar ataviada de mercado a manera de regalo. Sin importar que tanto tiempo pasara sin que habláramos ni siquiera por teléfono y a pesar de que ella vivía a 20 millas de mi casa, ella acortaba esa distancia con el poder de su afecto y su infinita generosidad para ayudarme. Escribo esto con lágrimas de agradecimiento y de alegría al saberme tan contenida y amada por ella.
En el 2006 cuando mi hija llegó a vivir conmigo a este país, ella la recibió con una tarjeta de bienvenida donde habia metido un billete de cincuenta dólares. Ese gesto jamás he podido olvidarlo.
Hay algo en ella que me recuerda mucho a mi madre, esa aparente frialdad que cubre una sensibilidad que aprendieron a ocultar por temor a lucir vulnerables, el hecho de haber convivido con esa característica a manos de mi madre, me facilita conectarme con Eunice y comprender la naturaleza de esa aparente frialdad.
Yo la llamo cariñosamente "la gallinita de los huevos de oro" porque después de la pandemia se hizo frecuente que me regalara cajas de 24 huevos, algo valioso durante la escasez que tuvimos de huevos. Un día poco después de la pandemia, se armó de valor para regalarme una paca de papel higiénico algo que ella consideraba inapropiado, sorprendida y aliviada con la alegría que recibía semejante regalo, comprendió que igual si me regalara una caja de cien condones yo los recibiría con la misma alegría y agradecimiento de siempre.
Cuando me dio el cáncer y ya no pude trabajar, las cajas de huevos se convirtieron en una costumbre que más parecía una responsabilidad adquirida como la del padre que paga la cuota alimenticia de los hijos.
Desde hace 7 años solo nos separan dos pisos de distancia porque sincronicamente la vida nos puso en el mismo edificio, como si ese ser superior conociendo la generosidad de ella y mi necesidad de tener una figura materna cerca, decidiera ubicarnos geográficamente cerca.
Pero lo que más valoro de Eunice es la apertura mental de la que goza conmigo en particular, nunca he sentido que tenga que mostrarle una versión editada de mí, ella acepta mi particular manera de ser, la respeta y hasta celebra mis mas incómodas irreverencias, puede ser mi amiga y mi cómplice tanto como una figura de autoridad que se ha ganado mi respeto y admiración.
Gracias mi amiga por tanto amor entregado en perfectas cuotas diarias. Te quiero tanto!

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