OSCAR MIRA

 Óscar Mira se fue de este mundo de la misma manera que llegó, en los brazos de su madre. Un desconocido le arrancó el Último aliento de su vida con un disparo mortal, estaba conversando con sus padres y su cuerpo cayó justo en los brazos de su madre quién se lo entregó a la misma divinidad que se lo había regalado 60 años atrás. 

La muerte fue el precio que pagó por ser dos veces alcalde de Yali, y un activista vehemente que le apostaba a la justicia. Fue un asesinato político ocurrido en el pueblo que nos vio nacer, a él y a mí, un municipio de un poco más de 8000 habitantes en donde nadie vio ni supo nada aunque muchos lo vieron y lo supieron todo.

Nuestra recordada "chichafría" la calle que guarda en su memoria nuestra infancia quedó manchada con su sangre y sumergida en un luto que 5 años después no conseguimos elaborar. Ahora guarda además aquella macabra escena y el rostro de la persona que lo asesinó. Su muerte sigue impune como tantas en Colombia.

Óscar dejó escrito un libro sobre su amada Yali, un libro que deja plasmado su inconmensurable amor por su pueblo. Me he dado a la tarea de leerlo por segunda vez, porque lo más maravilloso que me sucede cuando abordo una lectura por segunda vez es que me dejo atrapar por nuevas perspectivas que en la primera lectura no pude apreciar, es como reconocer al escritor a través de su obra por segunda vez.

Óscar hizo una minuciosa investigación de la historia de Yalí, se remontó a la época de la Colonia y detalló todo lo ocurrido durante las épocas en que los colonizadores españoles llevados por la ambición que les despertó la riqueza en oro de nuestra tierra, lucharon por invadirnos infructuosamente. 

Yo que ante esos interrogatorios elitistas donde se me pregunta de cuáles Jiménez desciendo, medio en broma y medio en serio respondo que soy de los Jiménez de Quesada, casi puedo concluir, de acuerdo con la investigación histórica de Oscar, que sí es muy posible que nuestro apellido haya sido un accidente genético que dejó olvidado por esos lares Gonzalo Jiménez de Quesada de quién en este momento ya no sentimos mucho orgullo.

Óscar dejó un testimonio literario de cada una de las familias del Yalí de los años 60, había memorizado cada propietario de cada casa de nuestra calle "chichafría". A manera de observación, mas no de critica, me llamó la atención que mi abuelo paterno Francisco Jiménez quedó consignado en su libro con su apodo y su ocupación "Kiko el albañil" a pesar de que mi abuelo Kiko era tío de su madre, no pareció trascender ni siquiera en la historia familiar. No creo que haya sido un descuido de Oscar, y si mas bien me hace reflexionar en la huella que dejamos en el mundo y en la manera como la borramos. Mi abuelo Kiko no dejó huella en éste mundo más que un puñado de hijos y nietos que no lo recuerdan exceptuando a mi prima Zoe y yo quienes lo recordamos con regularidad, en especial yo que sin temor a equivocarme fui su favorita y la que más gozó de los "privilegios" de su afecto. 

Me pregunto ¿quiénes de la familia han leído el libro de Oscar? Los escritores padecemos de un anonimato en nuestra zona de confort, con más frecuencia de la que quisiéramos somos ignorados por la familia y por nuestro entorno social cercano. Nunca he podido descifrar ese misterio que hace que alguien que dice querernos prefiera leer el libro de un escritor famoso antes que uno que publica su familia. Sobre todo porque la mejor manera de conocer a alguien es a través de su escritura, en este orden de ideas me pregunto ¿si los que nos aman nos conocen o si los que nos conocen nos aman realmente?.

Hoy honro la memoria de Oscar, su activismo político, su amor por la justicia y la voz que no pudo silenciar sino la muerte misma. 






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